En un momento en el que el libre comercio parece entrar en crisis, pocas voces más autorizadas para desgranar los impactos de los aranceles y sus efectos en la economía que María Fernanda Garza, expresidenta de la Cámara de Comercio Internacional (CCI) y hoy presidenta de honor de la entidad.
La dirigente mexicana participó en el XXVIII Congreso del Consejo Nacional de Estudiantes de Derecho (CONEDE) celebrado en Esade Law School, en Barcelona, y se sentó con elEconomista.es para descifrar como puede cambiar la economía en los próximos años.
Se suele abordar la cuestión de los aranceles desde la óptica de EEUU, ¿cómo pueden afectar a México?
El problema de una guerra comercial es que no hay nadie que salga bien librado, ni el que la propicia, ni en contra de la persona que va. El caso de México es particularmente complicado, porque la economía mexicana está extremadamente ligada a la economía estadounidense. Las cadenas de valor en general de toda Norteamérica es una interrelación que no alcanzamos a comprender y claramente no se puede entender. El gobierno de Estados Unidos actualmente no lo comprende. Si para los canadienses, que tienen otro nivel de desarrollo, esto va a ser muy fuerte, para México es tremendo.
Entiendo que es imposible hacer previsiones ahora mismo…
Las tarifas no se deben de poner sin estudiar muy bien las contrapartidas, porque a veces pueden obligarte a marcha atrás. Y lo hemos visto. ¿Qué pasó hace 15 días? Entraron en vigor las tasas contra México y Canadá del 25%, Trump se reúne con la industria automotriz, que le explica la interconectividad de su industria e inmediatamente da marcha atrás. Y no solamente es la industria automotriz. La interconexión en las cadenas de valor de Norteamérica está presente en la industria de electrodomésticos, de electrónicos… Pero lo que Estados Unidos no alcanza a entender el impacto de los aranceles, porque todo lo que fabrica requiere de componentes. Y esos componentes vienen de otros países porque ellos no tienen todo lo necesario. Walmart, por ejemplo, ya negocia con sus proveedores chinos para que ellos absorban los aranceles, pero ya le han dicho que imposible, que no disponen de márgenes suficientes.
¿Qué consecuencias vislumbra para el propio estadounidense?
Hay empresarios que ya admiten que se va a trasladar a los consumidores, porque es lo que normalmente sucede con este tipo de medidas. Además, hay que tener en cuenta que Estados Unidos ya venía de un proceso inflacionario. Ellos dicen que los productos que se fabrican en Estados Unidos sean más competitivos, pero eso nunca sucede. Además, en un momento como el actual, cerrar un mercado es frenar la innovación, porque pierdes competencia.
¿Qué valoración hace del tratado USMCA?
Trump dijo en su momento que este acuerdo era el mejor acuerdo que se había hecho nunca. Y ahora dice que no, que estamos abusando de Estados Unidos. Como dijo el primer ministro canadiense: si quieren sentémonos a la mesa y discutamos el convenio, pero no hagamos lo que estamos haciendo actualmente. Creo que ha sido un muy, muy buen acuerdo para los tres países. Somos complementarios. Por ejemplo, Canadá, al ser un país que está muy al norte, tiene problemas en su cadena alimentaria. Actualmente depende mucho de Estados Unidos y Estados Unidos depende mucho de México. Pero entre los tres nos complementamos de una manera muy adecuada.
¿Se ha terminado el comercio como herramienta de paz y ahora va a ser un arma de guerra?
Históricamente el comercio se utilizaba como arma guerra. Si nos vamos al siglo XVIII, principios del XIX, cuando China estaba cerrada, Inglaterra la obligó a abrir su comercio. China se negaba e Inglaterra empezó a venderle opio porque era el único producto que podía venderle. Y a Inglaterra le interesaba mucho ese mercado de millones de chinos. Y así fue como se inició la guerra del opio. También vimos como en Japón los norteamericanos, con el comandante Perry, les obligaron a abrir sus mercados. El comercio sí se había usado como arma en muchas ocasiones. Parecía una realidad que se daba por superada. Era una visión del mundo que pensábamos que habíamos superado. Eso había quedado ya en el pasado con el nuevo orden que se estableció a partir de 1945, cuando se decide si seguir un camino de cooperación en lugar de confrontación. Y eso hoy está cambiando.
Aunque quizás suene a exageración, ¿podemos estar ante el fin de la era del libre comercio?
Está cambiando, aunque es muy difícil hacer una previsión. Dependerá del resto de países. Hay varios países que tienen gobiernos que tienen tendencias más autoritarias a los que obviamente favorece todo esto que está sucediendo y que van a apoyarlo. Pero creo que también hay muchos otros países que se dan cuenta que eso no va a beneficiar más que a unos cuantos y no a toda su población. Lo que sí definitivamente está en crisis es la cooperación mundial. Hay muchas decisiones importantes que tomar en estos momentos y todavía tenemos una ventana de oportunidad. El cambio climático es un claro ejemplo, con el que ya hemos perdido más de veinte años desde que empezamos a hablar de tomar medidas. De los 190 países registrados en la ONU, solamente dos países no han sometido sus planes nacionales para cumplir con los ODS: Haití y Estados Unidos.
¿Qué papel le queda a Europa?
El mundo está mirando a Europa. Porque Europa defiende los valores que el resto de la población mundial, cuanto menos la mayoría de los países. Queremos un mundo justo, queremos un mundo donde haya paz, no queremos más guerras, no queremos que se repartan el territorio entre tres países, queremos que se respeten los derechos humanos, que la tecnología se aproveche en beneficio de la humanidad. Y eso es lo que defiende la Unión Europea. Cuando tú analizas el índice de felicidad de los países del mundo, los primeros 20 países, 18 son de la Unión Europea.
Una queja habitual es el exceso de regulación. Un ejemplo es el tema de la IA, que ya tiene una ley sin apenas tener industria propia…
En Internet tiene que haber normas, es importante. La regulación en este momento es importantísima. Pero tanto en el tema de las nuevas tecnologías como en el tema del cambio climático. La Unión Europea ha sobreregulado en muchos temas. No solamente en la IA. Ha sobreregulado a las empresas, prensando en las grandes multinacionales y sin entender el coste que ello tenía para las pymes. Creo que se han dado cuenta y han escuchado. Pero en el caso de las nuevas tecnologías, si no marcamos los parámetros que debemos seguir en este momento, en unos años va a ser demasiado tarde.
Europa también ha aplicado aranceles. Entre otros a los coches eléctricos chinos, ¿pueden estar en este caso justificados?
Esto se remonta a comienzos de los años 2000, cuando China entra en la OMC y ya se especifica todos los temas que siguen sobre la mesa: propiedad intelectual, empresas estatales, combate contra la corrupción… Y es un hecho que China ha puesto barreras no arancelarias a muchos productos. No te deja entrar. Por ejemplo, el tema de tecnología. No hay manera que las empresas de tecnología entren en China. Y las subvenciones que tiene son muy grandes. A veces las tarifas se pueden utilizar de manera positiva cuando desarrollar algunas industrias nacionales. Hay momentos en los aranceles tienen una justificación para desarrollar unas ciertas industrias con el apoyo de los gobiernos. Por supuesto, yo voy a estar siempre en contra, pero entendemos que es una herramienta, en este caso.
Fuente: Revista El Economista