Sociedad

Juego de la escaramuza es una tradición de Llacao

Esta costumbre, que se ha transmitido por generaciones, se lleva a cabo en octubre en las fiestas en honor a San Lucas Evangelista, patrono de esta parroquia rural. Este año participaron 200 jinetes divididos en cuatro equipos. Desde que era adolescente, Ezequiel Quito empezó a participar en el juego de la escaramuza. Es una herencia de su padre Samuel Quito Peralta, quien fue uno de los organizadores de este tradicional entretenimiento que se organiza cada año en las fiestas en honor a San Lucas, patrono de la parroquia rural de Llacao, en Cuenca.

Entre el 18 y 23 de octubre, hace unos 150 años, se cumple esta festividad que reúne a cientos de romeriantes y devotos que dan gracias por los favores recibidos.

“Yo jugué unos 50 años pero por la edad me retiré. Ahora juega mi hijo Cléver hace una década”, cuenta Don Ezequiel a sus 75 años.

Él mantiene intactos en su memoria los saberes sobre la escaramuza, que fusiona a personajes de la cultura precolonial y la cultura española. Señala que este año participan unos 200 jugadores. Como es la costumbre, están divididos en cuatro equipos y cada uno juega con un guía y la reina, los demás son seguidores.

“Lo difícil es montar a caballo porque a veces este sale mañoso, entonces hay que agarrarse bien para dominarlo y seguir al guía y formar las letras de San Lucas, del alfabeto y figuras como la naranja, la firma, el peine y la estrella”, explica el hombre, mientras observa el juego desde un costado del terreno donde se desarrolla.

La palabra escaramuza es concebida como “combate ligero entre dos ejércitos de avanzada” o “riña de poca importancia”, pero en Llacao se trata de un juego.

En este aparecen rasgos españoles como el caballo, la vestimenta del rey y la corona que se entendería como una imitación a los colonizadores.

Jinetes

Ataviados con elegantes túnicas de seda de brillantes colores, o ponchos de lana de borrego, hombres y mujeres procedentes de distintos lugares y parroquias como Solano, Checa, Chiquintad y Ricaurte cabalgaron durante tres horas sobre el lodoso terreno,  acompañados por dos bandas de pueblo que entonaron albazos, sanjuanitos y cachullapys.

Tras un descanso de media hora, retomaron el galope durante dos horas más.

William López, de Llacao, participa en este juego desde que tenía 15 años. Asevera que la escaramuza no es un juego así por así, es una devoción al patrón San Lucas.

“Este año estamos participando cuatro hermanos y tres sobrinos. Hay que saber montar y entre todos estar pendientes porque si alguien se cae hay que apoyarlo, se cruza el caballo para que el resto no se le venga encima por la gran cantidad de equinos que son”, explica López, quien hace 29 años es parte de esta expresión cultural que identifica a la parroquia Llacao.

Para preservar y continuar con la transmisión de estos conocimientos a las futuras generaciones, López animó a su hijo de 16 años a participar por primera vez en el juego de la escaramuza.

“Es una tradición de nuestros antepasados que queremos que siga. Para el próximo año tengo que comprarle a mi hijo (lo que necesite) para que juegue con caballo propio”, dice López, quien conoce los secretos de la monta, la misma exige un dominio del caballo y la concentración con el grupo.

Para participar en la escaramuza, una tradición que año a año va en aumento, hay que inscribirse y pagar una cuota de $ 10. “Lo recaudado va para obras de la parroquia”, asegura López.

Así se vivió este año la escaramuza en Llacao en el marco de las fiestas patronales, que acogieron a decenas de personas llegadas de diferentes partes de la provincia y del país.

Investigación

Según una investigación del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), el juego de la escaramuza es una escenificación con caballería en la que un grupo de jinetes y guías representan varias labores en una plaza, con el marco musical de la chirimía, caja y banda de pueblo.

La loa, el reto y el contrarreto son personajes que son parte de la escaramuza e intervienen con sus versos antes del juego, para alabar a los santos patronos. Ellos agradecen a los priostes y devotos por patrocinar la fiesta, llamar la atención a las autoridades, jóvenes y adultos y para, en forma humorística, nombrar a los personajes más populares y relevantes de cada comunidad.

Una investigación de la Universidad de Cuenca señala que el prioste mayor es el encargado de servir la comida que se sirve en un  plato de  barro que contiene un cuy  asado,  una  porción  de  papas,  algunos  huevos duros y  mote. Acompañado de una botella de licor.

FUENTE: EL TELEGRAFO

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