Sociedad

El cuerpo del artista como materia prima, lo nuevo en Venecia

Venecia (Italia).- El artista como su propia materia prima, su imagen y su cuerpo, más allá del autorretrato es el hilo conductor de un repaso al arte contemporáneo hasta la llegada de internet y los selfis que se presenta desde hoy en Venecia.

«Dancing with myself» (Bailando conmigo mismo) es el título de la exposición que lleva al Gran Canal veneciano una lectura del empleo del propio cuerpo como soporte artístico a través de obras creadas desde los años setenta del siglo XX hasta principios del XXI.

En «Cold breath», vídeo de Steve McQueen (Londres, 1969), este frota y pellizca su pezón; no lejos de allí la pareja ítalo-británica Gilbert & George muestran su cuerpo desnudo entre gigantescas ampliaciones de muestras de sangre, lágrimas, esperma y orina en una de las obras más emblemáticas de sus comienzos («Blood, Tears, Spunk Piss»).

En otra sala la fotógrafa Cindy Sherman (EE.UU.) exhibe sus conocidas series que exploran la construcción de la identidad femenina vestida como pasajera de autobús («Bus riders») o como cualquiera de los personajes de un relato criminal («Murder Mistery people»).

Al comienzo de la exposición en Punta della Dogana, el antiguo edificio de aduanas a la entrada del Gran Canal, una figura en cera que reproduce, sentado y apoyado en una mesa, al artista suizo Urs Fischer, se ha comenzado a derretir por las mechas encendidas sobre ella: se habrá convertido en una masa informe cuando concluya la muestra.

Estos artistas y otros más (hasta 32) son los autores de un total de unas 140 obras pertenecientes a la colección del multimillonario francés François Pinault y al museo alemán Folkwang (Essen), que presentan una versión ampliada de una exposición que ya exploró esta vertiente del arte actual en 2016.

«El empleo que los artistas han hecho de su imagen ha existido siempre, el autorretrato ha existido siempre pero era antes un género bastante codificado que, con la llegada de la modernidad, de la aparición de la fotografía, explosionó para dar un espacio considerable en el mundo del arte», reconoce a Efe uno de los comisarios, Martin Bethenod.

Sobre la exposición veneciana cuenta que las obras que exhibe «hablan de la manera en la que los artistas utilizan su propio cuerpo o su propia imagen no para hablar de ellos mismos, pues no se trata de autorretratos, no para hablar de sus posibilidades o sus autobiografías sino para hablar de otras cosas».

Se trata, explica, de crear con sus cuerpos para «dar testimonio, para protestar, para expresar una identidad minoritaria, una identidad racial, social, sexual y por ello todas tienen un común poner en movimiento el cuerpo, la imagen del artista para hablar del mundo».

A pesar de fijarse en el arte del último tercio del siglo XX, los comisarios han incluido a algunos precursores, como el francés Marcel Bascoulard (1913-1978), que vivía en las calles de Bourges y que parece mirar fijamente al espectador, y vestido de mujer, desde una serie de autorretratos fotográficos.

O Claude Cahun, pseudónimo de Lucy Schwob, artista transgénero que creó en las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX autorretratos (se exhibe uno en Venecia) que elogiaría muchos años más tarde David Bowie, quien además se involucró en la exposición dedicada a aquella en 2007.

El comisario Bethenod evoca además otros precursores: «A comienzos del siglo XX se puede pensar en Marcel Duchamp disfrazándose en Rrose Sélavy (el alter-ego femenino del artista) y fotografiándose, comienza a convertirse en algo muy importante y que todavía conocerá una segunda explosión con la llegada del vídeo en los años sesenta».

Es lo que «la crítica de arte Rosalind Krauss llamó el momento de la estética del narcisismo, incluso aunque yo pienso que no hay narcisismo en esta actitud: los artistas no se miran a sí mismos, se utilizan», insiste el comisario.

La exposición exhibe además obras de Maurizio Cattelan, Nan goldin, Félix González-Torres, Roni Horn o Damien Hirst, quien protagonizó la gran apuesta veneciana del millonario Pinault en 2017.

«Él lo sigue muy de cerca aunque no interviene de una manera activa en el proceso de montaje o de instalación», confiesa Bethenod sobre la participación de Pinault (dueño, a propósito, de la sala de subastas Christie’s) en las exposiciones montadas con sus obras.

El comisario cuenta además que la próxima apertura de su museo (que firma el japonés Tadao Ando) en París, donde el mecenas rivaliza claramente con el otro «peso pesado» del coleccionismo, Bernard Arnault (dueño del primer grupo mundial del lujo, LVMH, y a quien le construyó el suyo otro premio Pritzker, el estadounidense Frank Gehry), no disminuirá la importancia de sus museos venecianos.EFE

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