Sociedad

Gestión de espacios independientes es el reto de las políticas públicas

La gestión cultural de Guayaquil sobrevive -en su mayoría- a la distancia de financiamientos públicos. “Se ha vuelto parte de la identidad de los guayaquileños no pensar en dineros del Estado, mis amigos quiteños sí lo hacen y saben cómo hacerlo”, dijo una gestora cultural en un encuentro con el ministro de Cultura y Patrimonio, Guillaume Long, en el que se compartieron distintas perspectivas sobre sus preocupaciones en la organización del sector.

Uno de los temas que concentra la atención de los gestores locales, en contraste con el debate mediático que se ha tenido respecto a la futura Ley de Cultura y la autonomía de la Casa de la Cultura, fue el manejo del espacio público en la ciudad.

Si bien el tema está marcado por diversos condicionamientos que se establecen a través de ordenanzas que determinan los gobiernos autónomos descentralizados (GAD), los gestores consideran que un ordenamiento del sector debe facultar y potenciar actividades artísticas independientes que, en el caso de Guayaquil, parecerían entorpecer el incremento de espacios autónomos, pequeños, autogestionados y alternativos.

Casa Clandestina, por ejemplo, un espacio que sirvió como plataforma para la proyección de propuestas artísticas independientes, recibió la demanda de una vecina, directamente con el Municipio de Guayaquil. Este puso al espacio dos alternativas: pagar una multa de $ 34.000 o abandonar el lugar.

Carolina Piechestein, actriz y gestora cultural, fundadora de este espacio ya desaparecido, prolongó el tiempo de su proyecto cultural a través de talleres de teatro y finalmente entregó el espacio con la expectativa de poder concretar su propuesta sin limitaciones.

“Nunca pude encontrar apoyo desde el Municipio porque no hay ninguna ley. Mantuvimos un trueque con los artistas, prestábamos el lugar para que presentaran su trabajo. Tuve problemas. Me tocó dejar un espacio dedicado al arte”.

Con La Fábrica, un espacio independiente que programa talleres de danza y obras, ocurrió algo similar. Sin ninguna razón, de acuerdo a sus creadores, fue clausurada por el Municipio. En la boleta de clausura señalaba ‘otros’ como causa para el cierre y, tras un pequeño proceso legal, emitieron una orden de levantamiento de clausura.

David Cedeño, un gestor cultural enfocado en la dirección de arte, cuestionó las razones con las que procede el gobierno local: “Lo vemos como una forma de intentar callarte. Si quieres hacer las cosas por la buena no puedes porque esta autogestión se considera en los mismos rangos que grandes proyectos. Los permisos no existen, no hay un apoyo ni un direccionamiento. El impuesto que debes para por un evento en el espacio público con autogestión es el mismo dinero que pagarías por traer a alguien como Willie Colón en la calle”.

Jaime Tamariz, actor, productor y director de teatro, ha gestado durante 6 años el fortalecimiento de la productora Daemon. Su trabajo va de lo micro, en espacios como microteatro, a lo macro, con producciones como El Mago de Oz, que en diciembre de 2015 vendió 7.000 entradas.

“Nunca pensamos tener un acercamiento con el Estado porque dábamos por sentado que no iba a dar resultados. La visión parecería distinta a lo que nosotros apostamos. Hemos funcionado bien con autogestión, y no solo a nosotros, sino también a otros espacios independientes. En un congreso de Iberescena decían que el Ministerio de Cultura siempre es la última rueda del coche en todos los países. Tal vez pasa porque la gente no sabe para qué sirve la cultura, dijo Tamariz.

Para él, el tema se politiza y se convierte en un arma para ambas partes. “Hay una carencia que nos perjudica a todos, a la comunidad, y para ello es necesario establecer una ley”. (I)

Información tomada del portal de Diario El telégrafo. 

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