Diez señales que indican que necesitas fortalecer el suelo pélvico (y no todas son las evidentes)

Las disfunciones del suelo pélvico no matan, pero comprometen gravemente la calidad de vida de la mujer. Como otras tantas circunstancias en la vida femenina, y más cuando atañen a zonas tradicionalmente prohibidas o silenciadas como el área urogenital, estas situaciones se han vivido durante siglos en silencio. «Incluso hoy es difícil calcular su incidencia. En parte por la enorme variedad de lesiones que comporta, pero también porque muchas mujeres no lo consultan abiertamente con el médico por vergüenza», destacan las fisioterapeutas especializadas en uroginecología Esther García Martín y Belén López Mazarías, autoras del libro Tu suelo pélvico en forma (Arcopress) y del blog ejerciciosdesuelopelvico.com.

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Poco a poco, se habla del suelo pélvico sin tapujos, incluso se acude a la consulta antes de que aparezca el problema. Para prevenir, una de las mejores opciones son los ejercicios de Kegel, que se basan en contracciones y relajaciones de esa musculatura y que deben hacerse durante varios minutos al día, ayudan a recuperar cuando ya ha surgido el problema. Por eso, Indasec y BUENAVIDA han organizado un taller de salud femenina en el que expertos en el tema compartirán las claves para hacerlos correctamente. Para participar en el sorteo de siete entradas dobles para el evento solo hay que contestar a una sencilla pregunta en la cuenta de Facebook de la revista, ya sea mediante un comentario o un mensaje privado. También se puede enviar la respuesta a través de un formulario. Si te encuentras en alguna de las siguientes circunstancias, dedicar 20 minutos al día a trabajar tus músculos pélvicos es una sabia decisión, y saber hacerlo es fundamental.

Las pérdidas de orina, la señal más común

Los músculos del suelo pélvico tienen una función de control de acceso y salida de todos los orificios pélvicos (también en el caso de los hombres). Si se relajan, hay problemas. «¿Quién no ha oído a su madre o abuela decir ‘no me hagas reír, que se me escapa el pis’? Hasta hace nada, si habías tenido varios hijos o estabas en torno a la menopausia, era el precio a pagar por seguir viva y haber disfrutado de la vida», dicen las fisioterapeutas. Al principio sucede solo cuando hay carcajadas, o acompaña a un ataque de tos, quizá solo pase al hacer un esfuerzo. Y cada vez son más frecuentes. Las compresas para pérdidas de orina son un parche necesario, y se puede usar la cirugía. Para no llegar a ese extremo lo mejor es hacer ejercicios de Kegel.

Cuando la anatomía pesa y la espalda duele

¿Notas un bulto en la vagina o una sensación de peso en el perineo? «La debilidad muscular facilita la apertura de la vagina y el descenso de las vísceras», y entrenar el suelo pélvico con ejercicios de Kegel ayuda, al menos, a que no vaya a más. Esta caída de la anatomía se llama prolapso y puede precisar una intervención quirúrgica, pero incluso en el caso de que no haya más remedio que la cirugía hay que fortalecer la zona, pasado el periodo posoperatorio. Uno de los síntomas de que el útero se ha desplazado hacia abajo por falta del tono del suelo pélvico es el dolor en la parte inferior de la espalda o sobre el coxis. No esperes a notar el bulto y trabaja para que la musculatura pélvica recupere su función de sostén.

La penetración no debe doler, ni el tampón moverse

Cuando la penetración es profunda y una percibe un dolor punzante, es que el útero está donde no debería. Puede ser un signo de que hace falta un refuerzo muscular como el que ofrecen los ejercicios de Kegel. También lo es que el tampón se escurra, ya que se sostienen en la cavidad vaginal por la propia presión de sus paredes. Muchas mujeres notan que, después del parto, el tampón se va cayendo, o que al hacer esfuerzos para defecar se sale. Es señal de falta de tono pélvico y hora de empezar a trabajar esa musculatura.

Cuando lo que se escapa no es la orina

Casi todo el mundo sabe que la falta de tono muscular en el suelo pélvico provoca pérdidas de orina, pero las pérdidas fecales aún son un tabú. Esta situación puede provocar desde incapacidad para retener gases al pavor a que un escape involuntario de gas vaya acompañado de una leve pérdida fecal. También se producen repentinas pérdidas o la sensación de llevar siempre la ropa interior manchada. Las razones pueden ser desde una cirugía anal o rectal a complicaciones en el parto que han dañado los nervios que inervan el recto y los músculos del suelo pélvico. «Trabajaremos los Kegel, en especial, con contracciones rápidas para inhibir el reflejo rectal y ganarle unos minutos a la urgencia. También la técnica del bloqueo (contraer antes de un esfuerzo) para prevenir pérdidas, por ejemplo, al levantar un peso».

El estreñimiento crónico también es un motivo

Sentarse en el retrete y empujar como si no hubiera un mañana no solo es frustrante, «el pujo excesivo para defecar es otro factor de riesgo para el suelo pélvico». Como se trata de un proceso inevitable, no queda otra que facilitarlo: bebe más, aumenta la ingesta de fibra para promover los movimientos peristálticos, procura relajarte y no inhibas jamás las ganas de ir al baño. Y, en tanto la situación intestinal no mejore, fortalece la zona para evitar la degradación de la musculatura.

Una consecuencia de la tos crónica (y el running)

Toser a todas horas «provoca una presión descontrolada sobre la pelvis, debilitamiento del suelo pélvico y, finalmente, descenso de los órganos pélvicos (prolapso). Es normal que, tras muchos años de tos, empiece a haber pérdidas de orina». Algo similar sucede a las mujeres que tocan instrumentos musicales de viento o cantan ópera. Si eres trompetista o soprano, practica los ejercicios de Kegel antes de que aparezcan los problemas. Si eres runner, también deberías hacer este tipo de ejercicio. Los deportes de impacto no solo dañan los tobillos. «Cada vez que se apoya contra el suelo, aumenta de forma súbita la presión sobre la parte baja del abdomen». Este traqueteo, a la larga, produce laxitud.

Antes y después del parto vaginal

Sin duda, este es el mayor trauma para la región pélvica. «Pensemos que en el parto esta musculatura se estira hasta cinco veces su longitud para permitir la salida del bebé. Es importantísimo que sea elástica, pero también que vuelva a recuperar tensión para que los órganos se mantengan en su sitio», señalan las fisioterapeutas. Una vez pasado el puerperio, y siempre que tu ginecólogo no diga lo contrario, empieza a ejercitar el suelo pélvico para que esa musculatura, en la medida de lo posible, recupere el tono. También es buena idea aprovechar los meses previos para tonificar y flexibilizar esa musculatura: facilitará los pujos y prevendrá posibles daños por falta de elasticidad, como la episotomía.

Un efecto más de la menopausia

Si no has tenido aún síntomas de problemas, es probable que al cruzar esta etapa hagan acto de presencia. Los estrógenos son responsables de la firmeza de los tejidos, y la abrupta caída de esta hormona al llegar la menopausia no solo se refleja en una mayor flacidez facial. «Los tejidos del suelo pélvico se atrofian. Cada vez van a ser menos flexibles y, a la vez, con un menor tono muscular». Por otra parte, con los años se pierde masa muscular. Sucede en todo el cuerpo. Los médicos recomiendan aumentar el trabajo de fuerza para compensarlo y el suelo pélvico no es una excepción.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/12/12/buenavida/1576148583_767562.html