Moverse está bien, pero no siempre te librará del gimnasio: qué cuenta como ejercicio y qué no

Se acabó la benevolencia. 2019 es el año de sudar la camiseta y quedarse sin resuello. Entonces, ¿limpiar la casa no resta ni un minuto a la recomendación de la OMS?

Pasar la aspiradora, limpiar el polvo, recoger trastos de aquí y de allá o frotar manchas durante dos horas supone un gasto energético de 446 kcal para una mujer 60 kilos, y de 552 kcal para un hombre de 75. Una de las tareas que más quema es fregar el suelo con vigor (30 minutos de faena equivalen a 45 de baile de salón, según concreta la empresa de servicios de limpieza de Reino Unido Master Cleaners). Y hasta la Asociación Americana del Corazón recomienda que sea uno mismo quien realice las labores de mantenimiento de la casa. Entonces, ¿dejarla como una patena cuenta como ejercicio? No tan rápido.

Juan del Coso, profesor de Fisiología Humana y del Ejercicio de la Facultad de Salud de la Universidad Camilo José Cela (Madrid), asegura que es pertinente diferenciar entre actividad física y ejercicio. «La primera es toda la que produce gasto energético por encima del metabolismo basal. El segundo es una actividad planeada y estructurada que tiene como objetivo mejorar la condición física», explica. «Cualquier movimiento es mejor que estar sentado. Y se engorda más tumbado en el sofá que ordenando la casa, pero, definitivamente, hacerlo no se considera ejercicio».

Coincide el entrenador personal José Miguel del Castillo, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: «Limpiar es una actividad física que se incluye en una vida activa, como desplazarse andando. Y combate, por supuesto, el sedentarismo, que está en la cuarta posición del ranking de las causas de mortalidad en el mundo según la OMS. Pero solo hay ejercicio físico si elevamos el nivel de exigencia en intensidad y duración. La tendencia es incidir en la primera: practicar dos minutos a baja potencia equivalen a hacerlo un minuto de forma intensa. Y no hay que olvidar la frecuencia: además de salir de la zona de confort, toca repetirlo a menudo».

Es lo que Del Coso llama el estímulo progresivo: «Nuestro cuerpo es perfectamente adaptable, por lo que para seguir perdiendo peso o mejorando la capacidad cardiovascular, que podrían ser las dos grandes bondades del deporte, hay que progresar y producir adaptaciones fisiológicas [conseguir un objetivo y pasar al siguiente]». Así, no es solo que sacar brillo a las ventanas no sea un digno sustituto del gimnasio (nadie en su sano juicio se plantea limpiar cada día más cristales con más fuerza y sacudidas de bíceps), sino que repetir la misma clase de zumba semana tras semana, con ya poco o nulo esfuerzo por su parte, se vuelve un ejercicio endeble.

Otras actividades sencillas que, si se hacen bien, también cuentan como ejercicio

Moverse en bicicleta eléctrica, alternando el motor para las subidas con la energía manual en llano (a ritmo de paseo: 16 km/h), no es cosa de broma. El entrenador personal Del Castillo lo califica de ejercicio aeróbico moderado, por lo que un trayecto de 30 minutos por día laborable zanjaría tu deuda con el ejercicio.

¿Y la clase de yoga o taichí de los viernes? «Insuficiente desde el punto de vista de consumo calórico», anota Del Castillo. Ahora bien, como recuerda Maicas, no hay que infravalorar sus beneficios psicológicos: «La gimnasia cuerpo-mente reduce el estrés, que a su vez ayuda a controlar la variabilidad cardiaca, por lo que implica beneficios cardiovasculares». Si encuentra hueco para otra clase los martes, ya lo tiene.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/12/28/buenavida/1545998752_998846.html