Un alto consumo de carbohidratos está asociado a enfermedades cardiovasculares según nueva investigación de la UTE

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Especialmente en el Ecuador preocupan porque se han convertido en un problema de salud pública. En un estudio de la Organización Panamericana de Salud, se encontró que en el 2016 aproximadamente un 30% de la población adulta entre 40 y 69 años corre riesgo de algún tipo de enfermedad cardíaca.

La explicación oficial y tradicional ha determinado que son las grasas saturadas las causantes, sin embargo un nuevo estudio realizado por investigadores del Centro de Investigación Biomédica (Cenbio) de la UTE y la Fundación Oftalmológica de Santander de Colombia (Foscal) propone que no es así y que la alta ingesta de carbohidratos simples se asoció a un mayor riesgo de mortalidad.

“Este análisis deriva de un estudio internacional que nos permite tener una nueva perspectiva sobre el papel de la nutrición en enfermedades cardiovasculares”, comenta Manuel Baldeón, Director de Cenbio y coautor junto a Patricio López y Marco Fornasini de la UTE y Johanna Otero y Paúl Camacho de la Foscal.

La investigación está basada en un meta-análisis y reportes del estudio PURE (Prospective Urban Rural Epidemiology). El proyecto evaluó el impacto de la composición de la dieta en ciertos factores de riesgo en más de 135.000 personas de 18 países de ingresos económicos altos (PIA), medianos (PIM) y bajos (PIB) de cinco continentes, que fueron monitoreados durante siete años en promedio.

Los resultados demostraron que el consumo de grasa total, saturada e insaturada, no se asocia con riesgo de infarto agudo de miocardio o mortalidad por enfermedad cardiovascular sino que el excesivo consumo de carbohidratos simples sería el causante.

“Esto no quiere decir que las personas pueden consumir grasas de manera indiscriminada sino que parte de las recomendaciones de las guías de nutrición actuales deben ser reformuladas”, agrega.

Para los investigadores una dieta saludable y variada sería la clave para reducir los riesgos de enfermedades cardiovasculares. Esta debería estar compuesta con una adecuada proporción de carbohidratos complejos ricos en fibra (50-55%), grasa saturada e insaturada (25-30%), proteína animal y vegetal entre 15-25%.

“La diferencia entre carbohidratos complejos y simples es que los primeros se digieren en el colón mientras que los otros en la parte próxima del sistema digestivo”, explica el investigador. Este tipo de carbohidratos son fibra que se transforman en compuestos útiles para el ser humano.

Las frutas, vegetales y legumbres, en especial leguminosas, conforman este grupo de alimentos. Su consumo, además, permite un mejoramiento de la microbiota intestinal (bacterias positivas que normalmente se encuentran en el intestino). Según Baldeón,  100 gramos de leguminosas (un puñado aproximadamente), dos o tres veces por semana contribuiría a mejorar el estilo de vida y está asociado con una disminución del riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles.

Recomienda que las personas deben tener dietas acorde a su peso, talla y actividad física. “Un futbolista y un profesor universitario van a tener un consumo muy diferente de kilocalorías pero la composición entre grasas, carbohidratos (simples y complejos) y proteínas siempre es la misma”, comenta.

Por su parte, el estudio concluye que deben establecerse políticas públicas que promuevan la disponibilidad y acceso a estos nutrientes dentro de los programas de prevención primaria para disminuir la creciente prevalencia de enfermedades cardiometabólicas.