Reaganismo’ al cubo: Liz Truss apuesta el futuro del Reino Unido a un estímulo que aterroriza al mercado

Lo había vendido como un mero ‘evento fiscal’, no como unos presupuestos propiamente dichos. Pero las Cuentas anunciadas por el Gobierno británico este viernes pueden convertirse en un evento histórico, con todas las letras. La segunda mayor rebaja de impuestos de la historia del Reino Unido, un estímulo de 165.000 millones anuales durante dos años financiado casi íntegramente a base de deuda, ha desatado una carrera en los mercados para huir de la libra. No hay vuelta atrás: o el experimento sale muy bien, o Liz Truss se arriesga a sufrir una derrota catastrófica en dos años y dejar un agujero fiscal exorbitante a sus espaldas.

Truss, y su ministro de Hacienda, Kwasi Kwarteng, no son meros políticos conservadores, en el sentido de cuadrar cuentas y vivir sin excesos, como lo fueron David Cameron y George Osborne o Theresa May y Phillip Hammond, dos de sus predecesores al frente de los dos principales edificios de Downing Street, la residencia del primer ministro y el Ministerio de Hacienda, respectivamente. Su ideal es más bien Ronald Reagan, que aprovechó una etapa de recuperación económica y crecimiento mundial tras las crisis de los 70 para recortar impuestos y estimular la economía con deuda. Truss y Kwarteng escribieron un libro en 2012, Britannia desencadenada, en el que sugerían la misma receta para rescatar a la economía del país de la crisis financiera de 2008 y el lento crecimiento que ha vivido desde entonces.

Y han aprovechado los 18 meses que tendrán en el Gobierno para sacar adelante sus objetivos. Los anuncios de hoy son espectaculares: una bajada de 5 puntos (del 45% al 40%) del tipo máximo del IRPF, una bajada de un punto (del 20% al 19%) del tipo mínimo, la anulación de la subida de 1,25 puntos de las cotizaciones sociales, la suspensión de la subida del impuesto de Sociedades del 19% al 25% prevista para 2023 y un aumento de 125.000 libras del mínimo exento para el impuesto del 5% en la compra de vivienda. Y, por si fuera poco, se anula la prohibición a los bonus para los banqueros, un movimiento populista aprobado durante la crisis financiera. En total, 45.000 millones de libras menos de ingresos al año, de los cuales dos tercios -30.000 millones- irán directamente a los bolsillos del 5% más rico del país, según el análisis de emergencia de la Resolution Foundation.

A eso se suma un estímulo igualmente histórico: unos 130.000 millones de libras al año -en la previsión optimista- para congelar las facturas de la luz que pagan los ciudadanos y las empresas. Un movimiento necesario para evitar una crisis energética destructiva, pero que no hace más que disparar la suma que Truss está apuntando a la cuenta de la deuda pública: el Tesoro emitirá más de 75.000 millones de libras en bonos adicionales este año, una cantidad exorbitante.

Todo esto puede tener sentido si una bajada de impuestos a los más ricos y a las empresas puede servir para ‘desatar’ la economía. El problema es que la situación económica actual es completamente distinta a la de Reagan, su modelo. En 1980, el tipo máximo del IRPF en EEUU era del 70% y el de Sociedades, del 46%. El margen para estimular la economía sin dañar a los impuestos era mucho mayor. Y, sobre todo, el movimiento no se produjo en medio de una crisis energética y con niveles de inflación en los dos dígitos. Al contrario, el estímulo llegó justo cuando la Reserva Federal logró llevar los precios al 3% anual, tras un tratamiento de shock, y la economía estaba empezando a recuperarse.

En estos momentos, por el contrario, al Banco de Inglaterra le puede haber dado un patatús. Con la inflación por encima del 10%, y tras anunciar otra subida de 50 puntos básicos esta semana, este estímulo le obligará a subir aún más los tipos y durante más tiempo. En vez de acompañar a la política monetaria, la política fiscal va a contracorriente.

La defenestración interna de Boris Johnson ha supuesto un giro de 180 grados a la política fiscal con la que los ‘tories’ ganaron en 2019

Y los mercados son los primeros que han entrado en pánico al estudiar los números. La libra ha caído a mínimos de 37 años frente al dólar, dejándose más de un 3% en el día y perdiendo el nivel de los 1,09 dólares. Los bonos a 2 años han subido 40 puntos básicos, los de 10 años se han disparado un 8%, hasta el 3,78% de rentabilidad, y el de 30 años ha llegado al 4%, en máximos de 2011. Los inversores no se creen que el crecimiento económico que cree este estímulo compense el gasto extra, ni el subidón de deuda pública. Y, en parte, es una profecía autocumplida: cuanto más caiga la libra, más subirá el coste del gas y el petróleo, y más deuda tendrá que emitir el Gobierno para cubrir el coste de las facturas.

A todo eso se suma el extraordinario giro político que suponen estas medidasBoris Johnson ganó las elecciones de 2019 prometiendo más impuestos con los que financiar más inversión en los sectores más golpeados por la austeridad post-crisis (sanidad, cuidados, administraciones locales) y en las zonas más pobres del país. Su defenestración interna ha supuesto un giro de 180 grados a la política fiscal vencedora en aquellos comicios, y ha abierto las puertas de par en par a los laboristas, que pueden acusar al Partido Conservador de no tener ni idea de qué política económica quieren y de apostarlo todo a dar más dinero a los ricos.

El exsecretario del Tesoro de EEUU Larry Summers lo resumió así: “Me da mucha pena decirlo, pero creo que el Reino Unido se está comportando un poco como un mercado emergente que quiere convertirse en un mercado sumergido“. Truss ha anunciado que está dispuesta a tomar todas las medidas impopulares que haga falta en sus primeros días de Gobierno con la esperanza de que los resultados se empiecen a ver para mediados de 2024, cuando haya que ir programando ya las siguientes elecciones. El problema es que este anuncio masivo ha atado su carrera a una sola carta: o este estímulo sale bien y sus teorías pasan a la historia con la decisión correcta en el momento adecuado… o al Partido Conservador probablemente le esperen muchos años en la oposición, mientras los Laboristas intentan deshacer el daño de todas estas medidas.

Fuente: Revista El Economista

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