Por qué no hay que temer una recesión en EEUU en el contexto actual

EEUU entraba esta semana en recesión técnica, con una contracción en el segundo trimestre de 2022 del 0,9%, según datos preliminares del Departamento de Comercio. De forma inmediata, los más agoreros han salido a la palestra a anunciar los grandes efectos perjudiciales de una contracción económica, pero los principales responsables de la economía de EEUU se esfuerzan en destacar que hay que desterrar el pesimismo porque la situación actual, no siendo buena, dista mucho de ser tan mala como nos evoca el término recesión.

 

Es cierto que los libros de economía definen recesión como dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. Pero, al fin y al cabo, como señaló el presidente de la Fed, Jerome Powell, hace unos días, “hay muchas áreas que la economía que lo están haciendo bastante bien”, que el desempleo sigue cerca del mínimo de 50 años al situarse en el 3,6%, que los datos de salarios son fuertes y que el crecimiento ciertamente está disminuyendo porque “fue extraordinariamente algo el año pasado, del 5,5%”.

“Si se observa nuestro mercado laboral, el gasto del consumidor, la inversión empresarial, vemos signos de progreso económico en el segundo trimestre”, apuntaba también Joe Biden, el presidente de EEUU, el jueves. A ello hay que sumar un dólar fuerte, los programas de inversión pública que se están aprobando en el país en los últimos meses como el de semiconductores y de infraestructuras, y el mismo hecho de que la inflación parece estar alcanzando su techo tras las aceleradas políticas restrictivas del banco central.

En cierta forma, las instituciones estadounidenses rechazan hablar de recesión para no derivar hacia una profecía autocumplida. Si la imagen que el consumidor tiene en la cabeza es de un largo periodo de frenazo económico y una creciente posibilidad de perder su puesto de trabajo, aminorará sus partidas de gasto, reduciendo el consumo y menguando los ingresos de las empresas, lo que sí puede agravar la situación.

En consecuencia, todo se trata de la connotación negativa de la palabra y sus consecuencias en las previsiones de gasto de los consumidores e inversores, ya sean personas o corporaciones. Pero aquí viene la gran diferencia: en las recesiones del pasado, las cifras macroeconómicas del país alcanzaron cotas que parecen impensables en el contexto actual.

EEUU, un país con pleno empleo

En los 15 periodos de recesión que ha atravesado el país desde la Gran Depresión de 1929, la tasa de desempleo se ha movido entre un 5,2% y un 24,9%. Actualmente, en EEUU hay 5,9 millones de desempleados, que suponen un 3,6% del total. Para alcanzar el 5,2% mínimo de paro que se ha registrado en las recesiones del último siglo, tendrían que perder su trabajo otros 2,5 millones de personas (para igualar la parte alta del rango, deberían quedar sin empleo otras 35 millones de personas).

Sin embargo, la evolución del mercado de trabajo en el país de los últimos meses no parece ir en esa línea. La tasa de desempleo ha menguado ligeramente entre los hombres mayores de 20 años, se ha incrementado levemente entre las mujeres del mismo rango de edad, y sí se ha agravado algo más en los trabajadores de entre 16 y 19 años. Además, continúa cayendo el número de parados de larga duración y el que más crece es el número de desempleados que llevan menos de cinco semanas sin empleo.

Caída del PIB

Como decíamos, la economía estadounidense ha retrocedido dos trimestres consecutivos. Pero lo primero destacable es que la contracción del segundo trimestre (0,9%) es notablemente inferior a la del primero (1,6%). La tendencia parece positiva, y en las proyecciones de la Fed para el conjunto del año 2022 se aventuraban a un crecimiento del 1,7% en este año, e igual porcentaje para 2023.

En el último siglo, sí se han producido en alguna ocasión recesiones de baja intensidad como las que cabría prever en esta ocasión. Así ocurrió en 2001, con una reducción del crecimiento de apenas el 0,3%, y en el año 1969, cuando menguó la economía un 0,6%. El caso opuesto, de una recesión breve pero muy intensa, fue precisamente al inicio de la pandemia del coronavirus, cuando el PIB estadounidense cayó un 19,2% en pocos meses.

Paralelismos con la Segunda Guerra Mundial

Por tanto, aunque cada situación es única, parece que la comparativa histórica más clara con el panorama actual es la recesión posterior a la Segunda Guerra Mundial. El fuerte crecimiento económico que experimentó el país justo después de la guerra a pesar del recorte del desmesurado gasto público derivó en una inflación descontrolada, con el consumidor incurriendo en los gastos a medio y largo plazo (como electrodomésticos y automóviles) que habían pospuesto durante el conflicto bélico.

Similar marco se produce en la actualidad, ya que el ahorro de las familias durante la pandemia se ha desembolsado en los últimos meses para hacer compras sustanciales. Los programas de estímulos de los bancos centrales para amortiguar el golpe económico del Covid-19 inyectaron también un exceso de liquidez en el sistema que sobrecalentó las economías. En el caso actual, además, se suman los problemas con la cadena de suministro y el incremento del coste de la energía, entre otras cuestiones, por la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

Fuente: Revista El Economista

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