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Coronavirus: Unas iglesias en Guayaquil impiden ingreso de personas de edad vulnerable

Eran las 10:00 de este lunes 25 de mayo y Segundo Quijije caminaba sobre la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur, en la ciudadela Alborada. Al llegar a la intersección con la José María Egas decidió ingresar a la iglesia Nuestra Señora de la Alborada.

“¿Está abierta?”, preguntó a dos colaboradores de la parroquia que estaban en los exteriores del templo para recibir a los feligreses. Uno de ellos portaba un equipo portátil para tomar la temperatura.

Ante la respuesta afirmativa, el colaborador de la parroquia colocó el aparato portátil sobre la frente de Quijije. Luego de unos cinco segundos lo alejó y permitió su ingreso.

Nuestra Señora de la Alborada fue una de las iglesias católicas porteñas que este lunes 25 abrieron sus puertas para que los feligreses hagan sus oraciones. Esto, luego de que Guayaquil pasara de semáforo rojo a amarillo, la semana pasada.

Antes de acceder al templo, Quijije colocó sus zapatos sobre una bandeja de desinfección, y luego sobre otra alfombra. Otro colaborador de la iglesia le roció alcohol en las manos. Al entrar, se sacó su gorra, se persignó, se mantuvo unos 30 segundos de pie y dobló las rodillas para comenzar a orar.

“(Vine) para pedirle a Dios que me vaya bien. Yo vendo libros y alfombras para niños, y recién salgo a trabajar, ni mi esposa ni yo nos hemos enfermado, pero algunos familiares de ella sí, y pedí también por ellos”, manifestó Quijije al salir del templo para iniciar su recorrido y hallar clientes.

En el interior de la iglesia se encontraban otras tres personas, cada una separada por más de 5 metros de distancia.

En cada banca estaban señaladas dos cruces de color azul en cada extremo, que delimitaban la zona donde podían ubicarse los feligreses.

En dicha iglesia norteña la atención comenzó este lunes 25 de mayo en dos horarios, de 09:00 a 12:00; y desde las 14:00 hasta 18:00.

Alberto Pacheco, de 68 años, llegó al templo católico minutos antes de las 10:30 portando una mascarilla y ropa semiformal. Se acercó a las puertas del sitio, y uno de los colaboradores parroquiales le preguntó su edad. Al responder no se le permitió ingresar.

“Ya será otro día”, dijo Pacheco antes de alejarse de los exteriores de la iglesia.

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