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Enrique Pita García: El empeño va empujando el desarrollo de la ciudad

Subirse a los árboles de almendras que había en la mayoría de las casas del barrio Orellana para comer su fruta, comprarle al panadero que llevaba en su canasta la fruta de pan caliente, jugar fútbol en la calle o disfrutar de un refrescante baño en el estero Salado con su familia y amigos. Son actividades que Enrique Pita García añora de su niñez y parte de su adolescencia, en ese tradicional vecindario de la ciudad.

Luego se cambió de domicilio, pero siguió frecuentando el sector cuando cursaba sus estudios superiores. Al salir de la Universidad Católica iba con sus compañeros a remar en bote por el estero, o si no a comer guatita con pan y jugo de naranjilla en la esquina del cine Presidente, en el centro.

Son recuerdos que el presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil comparte con nostalgia de la Perla del Pacífico, que en este mes celebra 482 años del proceso fundacional. Su lugar preferido sigue siendo ese mismo, el barrio que ha cambiado su tranquilidad por la agitada actividad comercial y tráfico vehicular.

Lo sigue frecuentando, antes con sus cuatro hijos y ahora con sus cinco nietos, a quienes lleva a los juegos infantiles del malecón del Salado. Si llega algún amigo o empresario de la construcción del extranjero los lleva al malecón Simón Bolívar por ser el referente del progreso de la urbe, el barrio Las Peñas por su historia y la zona de Puerto Santa Ana como una muestra del desarrollo urbanístico de la ciudad.

“Nos enorgullece presentarlo, por el desarrollo, por el progreso, porque no se encuentran en otros lados estos logros urbanísticos de Guayaquil”, sostiene este guayaquileño, que extraña el Guayaquil antiguo, pero reconoce que la modernidad ha traído ventajas importantes en el turismo.

El presidente de la Cámara de la Construcción de Guayaquil dice que la iniciativa, esfuerzo y el empeño de los guayaquileños es lo que va empujando el desarrollo de la ciudad. “Somos gestores de nuestro destino”, destaca sonriente.

Dice que a Guayaquil le hacen falta algunas cosas, pero está en la senda del éxito, del triunfo, refiere el ingeniero civil, y considera que los guayaquileños deben preocuparse más de la ciudad, cuidarla y mostrarla.

“A veces responsabilizamos a las autoridades de lo que nos corresponde hacer. Exige mucho pero entrega poco. El guayaquileño ha hecho que crezca informalmente, eso es algo que debería de controlarse”, asegura el hombre que gusta de disfrutar de la gastronomía local.

El seco de chivo es su plato preferido, lo degusta en restaurantes como el Pique y Pase, el Palacio del Seco y en el Tenis Club. Si se le antoja un encebollado, lo consume en el Pez Volador, donde también disfruta de humitas y hayacas.

Si quiere caldo de salchicha va directo a Yulán; y el arroz con menestra y carne, que hace décadas encontraba solo en locales de la avenida 9 de Octubre, ahora no tiene un lugar especial, ya que asegura que la oferta de este popular plato se encuentra en todos los rincones de la Perla del Pacífico.

Con estos platos recarga energías para sus jornadas de reuniones, afirma el guayaquileño, quien es parte del progreso de la ciudad. (I)

Fuente: El Universo

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