Sociedad

Nostalgia por la partida de la creadora de ‘Pitusa’ y ‘Pepín’

Sus libros trascendieron en decenas de generaciones estudiantiles, que aprendieron a escribir y leer en la primaria con sus personajes: Pepín y Pitusa.

Su creadora, la maestra Yolanda Espinosa Santistevan, murió a los 90 años y ayer fue sepultada luego de ser velada en su domicilio, en el Barrio del Seguro, en el sur.

Ella junto con sus hermanas Blanca y Olga crearon varios libros de educación primaria que décadas atrás copaban las estanterías de las librerías populares de la ciudad.

Su única hermana que sobrevive, Olga, recibía las condolencias de familiares, allegados y conocidos en la sala de su hogar. Varios docentes jubilados, que recomendaban y trabajaban con sus colecciones, se hicieron presentes para recordar a la maestra, que cursó sus estudios en el Rita Lecumberri.

Apasionada de la educación, Yolanda laboró en varias escuelas como la Nº 13 y 14 municipal y el colegio Emilio Clemente Huerta, donde fue directora.

Olga recuerda que Pitusa, el primer libro de la colección, nació durante un periodo en el que hubo un paro de maestros y su hermana decidió aprovechar ese tiempo para escribir. “Ella pensaba ¿qué hacían conversando y pidiendo?, y allí empezó a escribir el libro, dijo.

El nombre para la obra surgió del apelativo que cariñosamente recibía una exalumna de Yolanda.

De allí aparecieron otras producciones como Pepín, de trabajo para primer grado, Nuevo Pepín (segundo grado), El lugar natal de Pepín (tercer grado), Mapa didáctico del Ecuador, Bingo aritmético. Este último era un juego de maestra con alumnos en clases.

Además hizo un grupo de naipes, el primer mapa didáctico plano de Guayaquil. En sus últimos años, Yolanda unió en un solo libro a Pitusa y Pepín.

Azucena Delgado, maestra jubilada de Letras y excompañera del colegio Emilio Clemente Huerta, la recordó como una mujer perfeccionista, pulcra, respetuosa, que siempre sugería en lugar de señalar con críticas.

“Recuerdo su limpieza, tenía una dulzura y una agilidad. Una vez como la escuela tenía unos corredores tan grandes, manejaba unos patines para poder circular por toda la escuela… así controlaba que los chicos no estuvieran fuera de clases”, dijo su amiga y excompañera María Antonieta de Constante, quien por ser maestra de Cultura Estética le diseñó varios de sus libros.

Ella no tuvo hijos, pero amó mucho a sus sobrinos. Enrique Rodríguez, de 67 años, uno de esos sobrinos, contó con orgullo que antes de entrar a primaria en el colegio San José La Salle aprendió a leer con esos libros. “Es algo que difícilmente se va a repetir, hizo que sus libros trascendieran”, comentó.

Y aunque ya los libros se dejaron de producir, en las librerías populares del centro aún se los recuerda con nostalgia. (I)EU_LV

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