Nadal vuelve a sufrir, frente a Mayer, pero se clasifica para los octavos de final en el US Open

Abonado a la dificultad desde el inicio del torneo, Rafael Nadal tampoco tuvo un partido fácil contra Leonardo Mayer. Cedió el primer set y se demoró lo suyo hasta lograr tomar la iniciativa. Con dudas, sin ofrecer su mejor perfil en lo que va de US Open, el número 1 del mundo ya está en octavos de final, tras imponerse por 6-7 (3), 6-3, 6-1 y 6-4, en tres horas y 15 minutos. Se enfrentará el lunes al ucranio Alexander Dolgopolov, al que ha vencido en seis de sus ocho cruces. Fue un encuentro más complicado de lo que se podía suponer, resuelto por el coraje, el peso de los trienios y algunos momentos brillantes de un jugador que pone un altísimo precio a sus derrotas, más aún en los torneos del Grand Slam.

El argentino, 59º, campeón la pasada primavera en Hamburgo, eludía los intercambios largos, asumía riesgos, con particular éxito cuando lograba abrir ángulos con su revés cruzado a una mano. Percutía el zurdo sobre ese golpe, sin conseguir doblegarle. En un Abierto de Estados Unidos altamente revolucionado, con sucesivas eliminaciones en competición unidas a las bajas que se produjeron antes de ella, a Nadal también le tocaba pasar un mal trago, al igual que le sucedió a Federer. llevado a los cinco sets en sus dos primeros partidos.

Nadal superó un momento crítico en el comienzo del segundo parcial, con 2-1 abajo y dos bolas de ruptura en contra. Salvó en trance y siguió en la busca de un momento que se resistió. Necesitó 14 opciones de ruptura para convertir la primera. Su rostro enfurecido, el lenguaje abrupto que podía leerse en sus labios, los gestos de coraje dirigidos a la grada y a un horizonte del que no escapaba su propio rival, delataban la ansiedad que no consiguió detener hasta el séptimo juego del segundo set, cuando quebró y se situó con ventaja de 4-3.

Habían transcurrido casi dos horas de partido. El logro fue una espoleta para él, liberado de repente de la enorme carga que parece soportar desde el principio del torneo, con la responsabilidad de defender el número 1 y un horizonte de inesperada transparencia hasta la hipotética semifinal con Federer. Igualó a un set, con Mayer ofreciendo indicios de capitulación.

Más agresivo, más dentro de la pista, Nadal fue estrechando el cerco, sofocando la rebeldía del jugador de Corrientes. Encadenó siete juegos consecutivos. A Mayer, procedente de la fase previa, le empezó a pesar el envite. Tenía ante sí a un doble campeón del torneo, al mejor tenista del momento, decidido ya a cortar por lo sano en el que había sido arduo combate.

El tercer set se le esfumó sin que apenas pudiera darse cuenta. Algo más resistió Mayer, dignísimo, en el cuarto. Pero el epílogo del partido había quedado escrito por anticipado, en el momento en el que el diez veces campeón de Roland Garros esquivó dos de las tres únicas pelotas debreakcreadas por su adversario y rompió el blindaje que el argentino mantenía sobre su servicio.

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