María de Lourdes de Lasso apunta a la familia

María de Lourdes Alcívar no tiene tiempo para maquillarse, peinarse o cambiarse de ropa, entre actividades. Es campaña y su tiempo es limitado.

Por eso la entrevista acordada con este Diario en su casa en la vía a Samborondón es trasladada al ‘Lassomóvil’, donde se desplaza con su esposo, el candidato presidencial por la alianza CREO-SUMA, Guillermo Lasso, durante sus recorridos.

Sin titubear, ella explica que su permanente presencia al lado de Lasso no es una estrategia de campaña para posicionarse como la posible primera dama, sino una práctica marital.

“Es normal vernos juntos; ahora se ha dado la oportunidad de caminar con él en campaña, pero siempre nos han visto así los que nos conocen”, dice la esposa del candidato.

Comenta que está preparada para una eventual mudanza a Quito, en caso de que su esposo gane las elecciones, pero no se anima a calificarse como la futura primera dama.

“Sería falta de humildad; confiamos en Dios; lo que sí puedo garantizar es que Guillermo será un buen presidente”, resalta ella.

Y asegura que está preparada para asumir las responsabilidades que su esposo le encomiende. Dice que su fortaleza para hacerle frente a ese reto es haber trabajado desde los 19 años, y “por vocación”, en el área social, a través de fundaciones.

Adelanta que su propósito como compañera del futuro mandatario será también recuperar el “rostro familiar” de la Presidencia de la República.

“Recuperar todo lo que se ha perdido, la imagen de familia, de ver a un gobernante que respete a todos los ecuatorianos”.

Y confiesa que quiere rociar “agua bendita” en el Palacio de Gobierno para “llevar (allá) toda la gracia (de Dios)”, y que los ecuatorianos sepan que allí “hay un hogar”.

La eventual primera dama comenta que los señalamientos en contra de su esposo por el feriado bancario no han afectado a su familia, porque son una “campaña sucia”.

Al igual que su esposo, María de Lourdes no terminó los estudios universitarios y su único título oficial es bachiller.

Admite que su prematuro matrimonio a los 18 años le dificultó un poco las cosas.

“Traté de estudiar camaronería, pero algo pasó y cerraron el instituto técnico en ese entonces, y me quedé con las ganas de estudiar el boom de esa época”. Y refiere que cuando luego quiso aprender informática, “una bendición” detuvo ese anhelo.

“Salí embarazada cuando menos lo esperaba, porque no podía salir encinta, me demoré cuatro años”.

Reflexiona que la vida no le dio la oportunidad de ir a la universidad, pero que al igual que su esposo, ha sido autodidacta, y los viajes y el mundo empresarial se convirtieron en su centro de estudios.

“Y volvemos a lo mismo del principio, siempre nos ha gustado estar juntos (con su esposo) y lo disfrutamos siempre”, remarca ella. (I)

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