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Macron y Le Pen: dos orillas opuestas en lucha por el Elíseo.

En esta insólita primera vuelta en donde todo podía pasar, la tolerancia y la cooperación dan luces de esperanza en una Francia consumida por el miedo al terrorismo.

Entre 11 candidatos, con una abstención del 22,7% (proyectada por IPSOS) y una indecisión que bordeaba el 32% según IPSOS-Cevipof Le Monde, Francia ha manifestado su voluntad. Por muchos años un bastión del socialismo de la equidad, parecía que la quinta república francesa tendría una hegemonía por siempre: partidos tradicionales o sus derivados a su mando. Pero, en los últimos 20 años, esto ha cambiado. Lejos de los recuerdos de la era gloriosa del General Charles de Gaulle o de los recuerdos del progresismo de Francois Miterrand, ayer se presentaban opciones fuertes de partidos nuevos y otros con visiones extremas.

Era complicado saber cómo el electorado francés iba a reaccionar luego de que el actual presidente Hollande, socialista, decepcionó a muchos en sus últimos 5 años de gobierno. Marine Le Pen, quien en 2012 con 17,9% de los votos obtuvo el mejor resultado histórico del Frente Nacional, comandado por su ya fallecido padre y político ultraderechista Jean-Marie Le Pen, vuelve a sorprender al mundo con su discurso antieuropeo y anti-inmigración y llega a la segunda vuelta electoral con un 21,4%, rompiendo una vez más los cánones de esa Francia conocida por enarbolar la bandera de la igualdad, fraternidad y libertad. Pero, a sus sueños, la carta menos esperada, puso un freno.

A sus 39 años y con poca experiencia en la administración pública, no así en negocios y banca, llega Emmanuel Macron, el candidato representante del centrismo. Un joven cuya experiencia pública la realizó de la mano del actual presidente Hollande y que solo en septiembre fundó su partido político, En Marcha, obtuvo en esta elección un 23,9% de la voluntad del pueblo francés. Su discurso: pro Europa con modificaciones a favor del espacio económico europeo en todos los niveles, economizar 60 mil millones de euros  a través de eliminación de 50 mil puestos públicos a nivel nacional y 70 mil a nivel  local, reducir el gasto público en 2,6% del PIB hasta el 2022, pero inyectando 50 mil millones de euros a las áreas ecológicas, salud, agricultura y modernización de la administración pública, lo cual nivelará los empleos, lo han llevado a ser el gran triunfador de la jornada.

Tanto ha sido su éxito  que el candidato de Los Republicanos (derecha), Francois Fillon, quien obtuvo 19,9% de las intenciones franceses de voto y el socialista Benoit Hammon, quien obtuvo 6,3% de los votos en esta histórica jornada, han exhortado a sus partidarios a votar por él públicamente en aras de una Francia unida y tolerante, desterrando cualquier posibilidad de acercamientos con Marine Le Pen. La gran decepción de la jornada fue el izquierdista de la Francia Insumisa Jean-Luc Mélenchon quien, cuarto en las votaciones con un 19,6%, ha dejado prácticamente a sus partidarios en libertad de apoyar a cualquier candidato, teniendo ideas más cercanas a Macron que a Le Pen.

Con los resultados finales en las manos, Francia se juega la continuidad de un modelo que ha impactado a la humanidad desde la revolución francesa en 1789 por el cambio radical arraigado en el nacionalismo de ultraderecha, con desafíos como tener un mayor protagonismo en el espacio europeo o la cuidadosa remodelación de su poca moderna pero aun funcional infraestructura. Solo queda a esperar a la segunda vuelta del 7 de mayo para saber en qué terminan las elecciones más controversiales de los últimos 50 años donde los grandes perdedores son las tradicionales familias políticas francesas: el gaullismo y el socialismo.

Por: Jorge Luis Bustamante Chán, MBA

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