LUIS GALLEGOS: ¿Bélgica será un narcoestado?

The Economist acaba de divulgar importante información respecto al mercado internacional de la cocaína, que permite comprender el grave problema internacional que enfrentamos los países vinculados a la cadena de producción, tránsito y consumo. Según ese prestigioso medio, Bélgica es la “capital europea de la cocaína” y predice que en pocos años será un “narcoestado”. Para muchos, Europa entera corre este peligro.

Señala, además, que desde el puerto de Amberes se distribuyen anualmente 12 millones de contenedores y solamente pueden verificar el 2%. Este puerto es un ejemplo de eficiencia en un mundo globalizado, en el cual la mercadería legal se ve usada por las mafias internacionales.

Las mafias transnacionales de la droga logran corromper a los estamentos de todo estado y, como señala uno de los oficiales, usan todos los métodos desde la coima hasta la bala.

Es importante saber que el mercado europeo ha superado al estadounidense y que las mafias lo prefieren porque el precio es mayor, los controles menores y no hay extradiciones.

Otro dato muy relevante es que el margen de ganancia en la producción de cocaína es del 150%, en la venta 300%, pero en donde está el verdadero negocio es en el transporte, en donde el beneficio es de 1 500%.

Se han capturado 100 toneladas en Amberes, que se estima es apenas el 10% lo que realmente se trasporta. Si esas capturas equivales a 250 mil millones de euros, saquen los números de las 1000 toneladas.

Con las ganancias en miles de millones no hay forma en que los estados de producción, tránsito y consumo puedan afectar el narcotráfico sin nuevas iniciativas, mejor coordinación y voluntad política, ya que como estamos el problema solo se agrava con costos diarios de sangre y tragedia. La seguridad de un país está intrínsicamente vinculada con su desarrollo. Si no hay trabajo, bienestar, salud, educación y una esperanza de un futuro mejor, seguirá imperando el delito como manifestación del fracaso del modelo. Esta guerra no se gana con pistolas, drones y patrulleros, sino con inteligencia.

Fuente: El Comercio

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