Desde hace dos meses, las bolsas suben y bajan de forma inversa a las amenazas de aranceles de Donald Trump. Cuanto más duros promete que serán, más caen los mercados. Y cuando abre la mano y los retira parcialmente, los mercados rebotan con fuerza. Esta semana empieza con rumores de que los aranceles masivos prometidos para el próximo 2 de abril, el que Trump prometió que sería el “Día de la Liberación”, serán algo más pequeños de lo temido, evitando los aranceles sectoriales con los que había amenazado en las últimas semanas. Un respiro parcial que las bolsas están celebrando con subidas de hasta el 2% en la tecnología.

Para entender este giro, primero hay que recordar la lista de aranceles que el presidente de EEUU ha prometido imponer la próxima semana. Para empezar, había anunciado aranceles “recíprocos” para prácticamente todos los países del mundo, en un intento de reducir el déficit comercial de EEUU. A continuación, había retorcido el significado de “arancel” para incluir impuestos como el IVA, disparando las sanciones comerciales más allá del concepto de igualar los aranceles que los demás países imponen sobre los productos de EEUU. Acto seguido, anunció que todos los aranceles masivos a México y Canadá, que había suspendido parcialmente el mes pasado, entrarían plenamente en vigor ese día, sin excepciones. Y, por si fuera poco, añadió que ese mismo día impondría aranceles a los sectores del automóvil, los chips y la agricultura, acompañando a los del acero y el aluminio que entraron en vigor la semana pasada. En total, una avalancha de alzas impositivas que entrarían en vigor ese 2 de abril.

Pero, en las últimas horas, fuentes de la Casa Blanca han filtrado a medios como Bloomberg y el Wall Street Journal que esa avalancha de aranceles será lago más pequeña de lo que había prometido Trump. Según han informado esos medios, el magnate se limitará a imponer tasas a los productos de los 15 países con los que EEUU tiene un mayor déficit comercial, los “15 sucios”, en palabras de su secretario de Comercio, Scott Bessent. En esa lista estarían la UE, México, Canadá, China, Australia, Brasil, India, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia, Malasia, Indonesia, Sudáfrica e Israel, con Rusia en el puesto 16, según los datos de 2023. Eso sí, sería cuanto menos curioso ver a Trump imponer aranceles masivos a un aliado tan cercano como Israel, o a Rusia, a la que ha prometido “acuerdos económicos extraordinarios” si pone fin a la invasión de Ucrania.

Esos aranceles serían enormemente destructivos desde el punto de vista económico, pero al menos serían inferiores a lo que se temían los inversores. Según esas filtraciones, Trump evitaría imponer los aranceles sectoriales específicos a la agricultura o a los automóviles, que había prometido que se sumarían a los que va a imponer de forma genérica a los países. Los medios también aseguran que Trump no acumulará estos aranceles a los ya impuestos a México y Canadá, encogiendo ligeramente la montaña a la que se tendrían que enfrentar.

el peor escenario posible, de aranceles indiscriminados a todos los países, podría evitarse también. Hasta ahora, los rumores apuntaban a que Trump iba a crear tres grupos de países según el déficit comercial que EEUU tuviera con ellos, y que impondría un tipo de aranceles general a todos los países de cada uno de esos grupos. La idea de que el presidente se conformará con atacar a los países con los que tiene mayor déficit comercial, y no a todo el planeta Tierra, ha hecho que los mercados respiren ligeramente.

Wall Street ha respondido a estos anuncios con subidas que rondan el 1,4% en el Dow Jones poco antes de la media sesión, el 1,7% en el S&P 500 y 2,1% en el Nasdaq 100. Además, la rentabilidad del bono ha subido 7 puntos básicos, al enfriarse el riesgo de recesión, y el barril de Texas ha rebotado un 1,3%. Un suspiro colectivo de alivio en las bolsas después de que los mercados hayan vivido la racha más negativa de un presidente a estas alturas de mandato desde que Barack Obama tomara las riendas en medio de la crisis financiera de 2009.

De todas formas, todas esas filtraciones terminan con una advertencia: Trump es el que toma la decisión en última instancia, y es imposible saber qué hará exactamente hasta el mismo momento en que firme los decretos correspondientes. Especialmente porque el presidente no deja de sacarse aranceles de la manga cada vez que habla. Este mismo lunes, aseguró que impondría tasas del 25% sobre “todos los países que compren petróleo o gas de Venezuela”, ampliando la larga lista de aranceles prometidos por el empresario.

En el fondo, el mayor problema es que Trump tiene una idea equivocada de lo que son los aranceles y el déficit comercial. El presidente cree que estos impuestos son poco menos que un impuesto sobre los Gobiernos extranjeros, y que los países que tienen un superávit comercial con EEUU están “robando” dinero de la Hacienda pública de EEUU. Y desde el punto de vista de estimular la producción local, el presidente parece ignorar también que las ventajas que pueden llevar a una economía suelen quedar aplastadas por una larga serie de daños económicos que traen aparejados, especialmente si se aplican de forma indiscriminada y a tipos aleatorios en vez de hacerse con precisión, sobre los productos que lo requieran y a niveles justificados.

El hecho de que Trump quiera eliminar el déficit comercial con otros países le ha empujado a prometer que no dará excepciones a esos aranceles, o a hacerlas de forma muy temporal, como el freno parcial a los aranceles a México y Canadá. Según explica Bloombergel magnate se reafirmó en su promesa de no dar excepciones a los aranceles en una reunión con empresarios del petróleo, muy preocupados porque Canadá es una de las principales fuentes de combustible barato para EEUU.

Así, la Casa Blanca parece estar inmersa en una batalla entre Trump, que quiere imponer aranceles gigantescos a todo el mundo porque cree que son poco menos que una fuente infinita de dinero gratis con el que poder bajar otros impuestos; y su equipo, que entiende que estas tasas son mucho más peligrosas para EEUU de lo que cree Trump, y que intentan frenar sus peores instintos. Esta semana, el segundo grupo parece haber salido victorioso. La duda es qué pasará en la siguiente ronda.

Fuente: Revista El Economista

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