Los bancos centrales ya divisan el final del rally de tipos y recortes para 2023

El mercado comienza a descontar de forma clara el fin de la subida tipos para los principales bancos centrales (Fed, BCE y BoE) en 2023, incluso para alguno contempla recortes en el precio del dinero. Hay pocas justificaciones que expliquen este comportamiento y la principal es que a la vuelta de la esquina se viene una recesión global.

 

El Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) ha tomado la responsabilidad de preparar el terreno para una caída abrupta de la economía. La semana pasada ya habló sin tapujos de una larga y profunda recesión, que duraría cinco trimestres, iniciándose a final de este año, y que supondría la pérdida de 2,1 puntos del PIB. Fue el primer organismo internacional en asumir que la crisis energética, con cortes casi definitivos del gas ruso, subirá de nivel este invierno, poniendo en jaque al Viejo Continente, incluido Reino Unido.

Por ahora, los distintos gobiernos europeos, empezando por la Comisión Europea y terminando por el FMI, no han añadido el corte de suministro total por parte de Moscú en sus previsiones. Pero el Banco de Inglaterra con absoluta transparencia contempla que la inflación se dispare hasta el 15% en este escenario. La institución monetaria subrayó que todos los escenarios que ha elaborado “muestran una inflación a corto plazo muy alta, una caída del PIB durante el próximo año y una marcada disminución de la inflación a partir de entonces”.

Hoy le ha puesto palabras el vicegobernador de la institución a la hoja de ruta británica. Dave Ramsden no descarta recortes de tipos interés en el próximo año. “Ciertamente, no se descarta que los riesgos de recesión puedan llevar al BoE a recortar los tipos”, ha reconocido en una entrevista en Reuters. Ello, sin embargo, no evitará que la institución prosiga con su política de venta de bonos. “Incluso en esta situación el proceso de venta de bonos (o QT por sus siglas en inglés) podría continuar”. Actualmente, el BoE tiene en balance 895.000 millones de libras.

El mercado a través del modelo IOS, basado en los swap que utilizan los inversores para cubrir sus posiciones ante las oscilaciones de los tipos de interés, ya contaba con ello desde la reunión de la pasada semana. El mercado comienza a descontar bajada en el precio del dinero, a partir de junio del próximo año. El BoE no podrá ir más allá del 3% en los ascensos.

Los pasos del BoE tampoco deberían ser muy distintos para el BCE y la Fed. Parece difícil pensar que en Frankfurt piensen en continuar con la escalada en los tipos de interés si finalmente la crisis energética sube enteros. La recesión sería, prácticamente, inevitable en toda la UE. El mismo modelo, que utilizan los inversores para predecir los tipos en Reino Unido, anticipa recorte en las tasas de junio. Los tipos en la zona euro no irán mucho más lejos del 1,25%. El BCE se quedaría sin margen de maniobra para final de año.

La economía de EEUU es la que lleva el ciclo más adelantado. De hecho, se encuentra en recesión, aunque es pequeña y los datos de empleo siguen mostrando una sorprendente resistencia. Tras el buen dato del pasado viernes, el mercado comienza a descontar una nueva subida de 75 puntos básicos, para alcanzar un nivel entre el 3 y el 3,25%. Pero tampoco la Fed está libre de recortes a medio plazo. El mercado anticipa recortes a partir de abril.

Los analistas de JPMorgan Chase creen que las subidas de precios pueden empezar a ralentizarse, tan pronto comience a frenarse la inflación. Las expectativas de inflación a uno y tres años se redujeron drásticamente en julio, según la encuesta al consumidor de la Fed de Nueva York. Pasaron del 6,8% y el 3,6% en junio al 6,2% y el 3,2%, respectivamente. Se trata del mayor retroceso de los precios futuros en nueve años.

Sin duda, es un buen dato que apunta a que la inflación ha tocado techo en EEUU. La formación de precios está determinada, en parte, por una cuestión de perspectiva. Cuanto mayor sea la expectativa de inflación, más probable es que se materialice, ya que las empresas son proclives a aumentar los precios para maximizar los ingresos. Pero el dato también esconde un reverso tenebroso. Una caída de la expectativa de inflación de los consumidores, significa que están recortando el gasto ante la percepción de un aumento del riesgo de problemas económicos.

Mañana se publicará el dato clave de la semana, el IPC de julio. El mercado espera que la tasa anual caiga cuatro décimas hasta el 8,7%, lo que supondría el mayor retroceso desde abril de 2020.

Fuente: Revista El Economista

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