Los bancos centrales deben elegir: inflación o recesión

En el escenario, las bolsas. En el jurado, los banqueros centrales, que serán los que dicten sentencia con sus decisiones lo que resta de un año en el que la pista de baile ha estado vacía y en la que apenas solo unos pocos inversores habrán ganado dinero. Con la inflación todavía descontrolada, los organismos monetarios han tenido que parar la música en seco, elevando a un ritmo nunca antes visto los tipos de interés. Esto, a sabiendas de que provocaría primero un frenazo en la recuperación económica posterior a la crisis del coronavirus y, después, una cada vez más probable recesión con la esperanza de que deteriorar la demanda aplaque la subida de los precios, que al final es la misión principal de estas instituciones. Con sus últimos movimientos, de subir 75 puntos básicos más respectivamente el precio del dinero, claramente a los bancos centrales les preocupa mucho más la inflación que la recesión. No obstante, al resto de los actores del mercado no está tan claro ya que no han terminado de acompañar con compras estas últimas decisiones, mostrando que la desaceleración económica también es algo muy preocupante.

De cara al último trimestre del año, tanto el BCE como la Reserva Federal han ajustado sus cuadros macro, reduciendo las perspectivas de crecimiento e incrementando las de IPC, con lo que se elimina la esperanza de que el PIB crezca por encima de los precios, al menos, hasta 2025. De cara al año 2024, los precios seguirán creciendo por encima del objetivo del 2%, por lo que no se puede esperar que los tipos de interés se sitúen ni para entonces en niveles normalizados. ¿A qué ritmo seguirán las subidas? El dot plot de la Fed apunta a que se rozará el 5% el año que viene y se reducirá hasta el 4% el siguiente. El mercado, por su parte, está descontando que se alcanzará el 4,5% (150 puntos más de subida) y, desde ahí empezará a bajar a un ritmo más lento. “Este punto medio es más alto de lo que descontaban la mayoría de los economistas antes de la reunión, pero no descarta que se produzcan recortes en los tipos ya en 2023, aunque es cierto que cada vez es menos probable”, explican desde Ebury. “La postura ultra agresiva de la Fed es una clara señal de que sigue preocupada por la persistente y elevada inflación, que ha mostrado ser mucho más rígida y amplia de lo que el banco central esperaba pese a que se asume que la recesión está en camino”, añaden. Desde AXA IM creen que mientras la subyacente siga fuerte y el mercado laboral no se desplome, “a la Fed no le va a temblar el pulso a la hora de subir los tipos; hay que tener en cuenta que estas medidas tienen efectos que no son inmediatos en el tiempo”.

En el caso de Europa, el pico llegará al 3,5%. “Seguimos pensando que el BCE es demasiado optimista sobre las perspectivas económicas. El escenario de referencia del BCE es de un crecimiento del PIB del 0,9% en 2023, lo que es mucho más optimista que nuestras propias previsiones. Ni los miembros del BCE confían en estas proyecciones y la prueba es el tono tan agresivo de la última reunión”, aportan desde ING.

Sin olvidar los balances

Casi todos los titulares se los llevan los tipos de interés, que es la herramienta principal que tienen los bancos centrales para controlar la oferta monetaria en circulación. Sin embargo, también hay que atender a su actividad en el mercado de deuda. De su rol de comprador masivo del pasivo de gobiernos y empresas ya queda poco y ahora han pasado a drenar capital también a través de la venta de sus activos en cartera. Esto lo está haciendo especialmente la Reserva Federal a través de los repos inversas (operaciones por las que el sistema financiero aparca efectivo en el banco central). En el caso de la eurozona el balance tocó su máximos al final de junio, por encima de los 8,8 billones de euros. Al otro lado del Atlántico, en abril se rozaron los 9 billones. Ahora prácticamente se sitúan en línea sobre todo a raíz de la depreciación del euro frente al dólar.

“Esperamos que el balance siga reduciéndose este año, pero el gran descenso vendrá el año que viene, a partir de junio”, explican desde Bank of America. “Las expectativas de más subidas de tipos están llevando a los bancos a mantener sus TLTROs y la perspectiva de una herramienta antifragmentación en la eurozona hace pensar en desequilibrios en las compras y ventas de deuda a medio plazo”, agregan.

Este puede ser uno de los grandes catalizadores para la renta fija en los próximos meses. Los bonos soberanos tanto en EEUU como en Europa están en zona de máximos de rentabilidad y ahora la cuestión es si este rendimiento asegurado supone ya un atractivo suficiente para el inversor o todavía hay que esperar a que las subidas de tipos lleven presionen un poco más a las principales referencias. Desde MFS IM creen que “las valoraciones se revelan atractivas, especialmente para los inversores con un horizonte temporal más a largo plazo, teniendo en cuenta que en la última década los rendimientos han sido desalentadores”. “No obstante, el reciente aumento de los spreads ha modificado considerablemente la dinámica y ha conllevado una mejora considerable en el plano de las valoraciones de esta clase de activos, por lo que sugerimos a los inversores que sopesen aumentar sus asignaciones a renta fija”, agregan. En Vontobel, no obstante, creen que “a medio plazo se reducirá la volatilidad pero todavía hay que esperar un poco para ver el punto máximo de rendimientos”. “Ya se ha descontando la continuación de una política monetaria restrictiva y, a largo plazo la Fed bajará los tipos de interés al 2,5%; por contra, el margen de maniobra para el BCE parece menor”, concluyen desde Generali Investments.

Por último, pero no menos importante, hay un tercer factor en esta ecuación, que es la divisa, sobre todo desde un punto de vista europeo. La debilidad del euro, cotizando ahora en mínimos no vistos desde hace 20 años, por debajo ya de los 0,98 dólares, es un una fuente extra de inflación para la eurozona y responde, como es lógico, a que ha sido la Fed la primera que ha pisado el acelerador de la subida de tipos. De medio, los expertos esperan que el euro cierre el año por debajo de la paridad, y a medio plazo que apenas se acerque a los 1,05 dólares, aproximadamente.

Fuente: Revista el Economista

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