Lavapiés, la barriada multiétnica y bohemia de Madrid: cómo pasó del olvido a estar de moda

Es la zona de la capital española con mayor concentración de extranjeros y estudiantes. Se destaca por su bohemia, propuestas culturales y gastronomía. Cómo pasó de ser una zona abandonada a concentrar la nueva movida nocturna.

Madrid, como muchas de las grandes ciudades del globo, está compuesta por muchas “pequeñas ciudades”. Es fácil de reconocer en sus calles, como la historia marcó en piedra y concreto una herencia que la convierten en uno de los rincones predilectos de millones de turistas al año. Pero hay mucho más Madrid que aquello que se presenta en las tan famosas guías o las páginas de recomendaciones, tan en boga, que puntúan lo subjetivo para estar a tono con aquello que se considera imperdible.

Y sí, cualquiera que recorra sus calles, callejones y cortadas debe llevar su selfie stick hasta la zona de los Austrias, el Paseo de las Artes, Malasaña, Salamanca, o en el Centro, la Plaza Mayor, Puerta del Sol y otras composiciones en clásicas, eternas y majestuosas. Allí, está todo -o más bien, casi todo- lo que se espera de la ciudad, lo que alumbra fotografías y videos, películas y documentales. Y entre tanta obscenidad arquitectónica, se encuentra Lavapiés que, si se la recorre de día, por lo menos antes de las 18, puede parecer un espacio de tránsito hacia otro destino, otro lugar que sí sea digno de las alabanzas gráficas y orales.


Multicolorida, la barriada posee un encanto bohemio (JG Batalla)

Pero, ¿qué es Lavapiés? Mejor definir lo que no es o lo que no tiene. Para comenzar no posee el glamour de Salamanca, allí no hay casas de Louis Vuitton, ni Emporio Armani, no tiene la marcha de Malasaña, el “Soho madrileño”, con sus bares for export, por solo nombrar algunos barrios.

Lavapiés está oculta a minutos de la Plaza Mayor, entre El Rastro, Atocha, Tirso de Molina y el Museo Reina Sofía como límites naturales. Lavapiés es una barriada, una barriada dentro del Distrito Centro, un pequeño barrio con un reconocimiento oficioso, pero con una identidad muy marcada, que comenzó a forjarse como una zona comercial extramuros durante el siglo XV, que fue cuna de la manolería y, en la actualidad, el epicentro multiétnico por excelencia.


En un radio pequeño reúne a más de 80 nacionalidades

El nombre resulta llamativo, para algunos historiadores refiere a una fuente donde los pobladores solían, lógicamente, lavarse los pies que se ensuciaban por el gran barrizal que se formaba en los canales que descendían desde el matadero -hoy El Rastro- hasta el Río Manzanares.

También allí, dicen, ya que de acuerdo a los historiadores modernos no hay pruebas concretas, hubo una sinagoga, y que los judíos conversos ponían a sus descendientes Manuel, para demostrar su nueva fe cristiana y no ser expulsados tras el Edicto de Granada en 1492 -sí, el año del desembarco en América y el comienzo de la conquista, y así pasó a ser conocido como el barrio de los Manueles, que derivó en el de los Manolos y Manolas y de la manolería en general. También, en esta barriada, se forjaron algunas de las palabras más reconocida trasfronteras españolas, como majo, chispero y chulo.


Banderas de la II República, Lavapiés fue siempre un centro de resistencia antifranquista y esa identidad democrática perdura aún más que en cualquier otro barrio madrileño (JG Batalla)

Lavapiés tiene una arquitectura que está más relacionada a lo popular, por eso de que era la sede del Matadero. Sin embargo, existen portadas monumentales escondidas por allí, como la de Calle del Oso 19, Río Alta 5 o San Carlos 1, que denotan las propiedades que alguna vez pertenecieron a las familias pudientes de la zonas.

Sin embargo, el lugar para conocer es Las Corralas. Erigidas en el siglo XIX albergaron a modo de vivienda popular a los movimientos campesinos que llegaban del campo. Si bien abundaban en la ciudad, solo uno queda en pie, éste, que era una suerte de proto conventillo, con habitaciones muy pequeñas a las que se accedían mediante pasillos y que compartían un gran patio. Las Corralas se localizan entre las calles Sombrerete y Tribulete y como se derribó el edificio que cerraba la manzana -hoy hay un anfiteatro- puede apreciarse desde la calle Mesón de Paredes cómo eran los pasillos interiores de estas viviendas.


Las Corralas, arquitectura popular que dio origen a los conventillos argentinos (Michel Bricteux)

En el Siglo XX, tras la Guerra Civil Española (1936-39), Lavapiés cae en el olvido franquista y tanto es así, que en la Fuente de Cabestreros sobrevivió un placa conmemorativa de la II República. Ni siquiera se tomaron el trabajo de eliminarla, como hicieron en el resto de la metrópolis. Allí también, se mantiene en pie las ruinas de las Escuelas Pías de San Fernando, que fueron incendiada por los falangistas cuando tomaron la ciudad. El edificio, que hoy alberga una biblioteca, se mantiene como entonces, un signo de la memoria histórica de lo que no debe volver a suceder.


Escuelas Pías, monumento a la cultura y memoria (JG Batalla)

Sobre su cultura, rupturismo, extranjeros y estudiantes

Pero Lavapiés no es solo una barriada para el recuerdo, también es una barriada vibrante que se despierta después de las 18 y en la que habitan personas de alrededor de 80 nacionalidades de los 5 continentes y para notar eso solo hace falta caminar por su calle principal, Lavapiés, claro, que concentra restaurantes, mercados, florerías y más en tantos idiomas que la cuenta se pierde. Bandera, colores, aromas lejanos, fragancias, y ritmos improvisados que conquistan su pequeña plaza por las noches, en una especie de aquelarre multiétnico, en que el diálogo con desconocidos, el baile y las cañitas se confunden, se socializan. Líbano, Senegal, Corea, India, Turquía, Marruecos, Ecuador, Australia, Alemania y las firmas siguen, hasta donde la capacidad de reconocer lenguas permita.


El barrio se despierta luego de las 18, cuando la verdadera “marcha” comienza (JG Batalla)

Esta transformación, que le otorgó casi tantas lenguas como a Babbel, comenzó en la década de los ’80, cuando los inmigrantes se instalaron debido a lo barato de los alquileres y valor del metro cuadrado, con respecto a cualquier otro rincón madrileño. Y siguió, y se mantiene, aunque durante el último censo se determinó que esta misma circunstancia convirtió a la barriada en el lugar preferido de los estudiantes -que pasaron en una década de ser el 29% al 39% según los datos del Ayuntamiento de Madrid-. Y eso generó una nueva explosión, que pobló la zona de bares y dio nueva vida a las fondas históricas.


Los constantes murales le otorgan al lugar un espíritu joven, rupturista (JG Batalla)

Uno de los puntos de reunión es el Bar Melo’s -Ave María 44-, donde sirven unas croquetas irresistibles o, entre otras placeres culinarios de raza castellana, la suculenta zapatilla de lacón con queso derretido, lo que vendría a ser un tostado gigante, en el mejor de los sentidos, con verdadero jamón, el ibérico, por supuesto, cortado a mano. La porción es tan abundante que es obligatoriedad compartirla -o en caso de ir [email protected] se puede degustar la media zapatilla. En este reducto, y en tantos otros de la ciudad, la tertulia, animada, coloquial, tiene en un punto el espíritu porteño del café, en el que el debate, la risa, el “arreglar el mundo” se hace presente entre cada bocado.

Un recorrido nocturno impostergable es la calle Argumosa, conocido como “Tapapíes”, ya que reúne la mayor concentración de bares y terrazas, en especial el camino que une la plaza principal con la Ronda de Atocha, que suelen sacan mesitas a la vereda, ya que las barras suelen estar repletas.


La buga del lobo, un clásico de tapas sobre la calle Argumosa

Lavapiés ya no es más la barriada de los extranjeros, pero sigue siendo el espacio de aquellos que sueñan con un porvenir superador. Y, en la actualidad, reboza de bohemia, en sus callejuelas con constantes subidas o bajadas se apiñan librerías, una dos tres cuatro. La figura de William Burroughs, por ejemplo, da la bienvenida a Enclave -Relatores 16- y tiene su lógica, esta pieza clave de la cultura beatnik, lingüista heterodoxo, con una obra prolífica en literatura y cine -cortos experimentales sobre todo- resume un poco esta filosofía no buscada de la barriada, esa búsqueda inconsciente de producir un rupturismo con lo clásico y convencional. Aunque no es la única, también se deben visitar Traficantes de Sueños, La Libre, Burma, La Librería del Mercado, Venir a Cuento, Swinton & Grant (librería, galería y cafetería) y La Casquería, en el Mercado de San Fernando, sede de incunables y ofertas no aptas para bibliófilos impresionables.

El cine y el teatro también tienen un apartado destacable. Los cinéfilos de corazón deben hacerse en hueco en la agenda para visitar el Cine Doré – o “Palacio de las Pipas”-, Santa Isabel 3, sede oficial de la Filmoteca Española, levantado a principios del siglo XX y con una fachada de estilo modernista, cuenta con dos salas, una terraza donde también se realizan proyecciones en verano y una completísima librería cinematográfica.


El emblemático Cine Doré

Sin embargo, no todo es multiculturalidad. Para aquellos que quieran gozar de lo mejor del flamenco, el lugar es Candela, calle del Olmo 2, conocida por sus famosas juergas nocturnas, y encuentros entre grandes y pequeños artistas. Entre las personalidades que tocaron allí se encuentran Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Javier Limón, Ketama, Sara Baras y la lista continúa. Su magnetismo trasciende las fronteras y por eso músicos consagrados como Sade, Alicia Keys y Chick Corea supieron también querer ser parte del mito.

Lavapiés no es el lugar que aglomera a más turistas, pero esa tendencia está cambiando gracias a una oferta diferente a la del resto de los barrios madrileños, una oferta que conjuga bohemia, con comidas y una mirada sobre la multiculturalidad que es, en gran parte, un pequeño espejo de lo que está sucediendo en gran parte del planeta.

Fuente: Infobae

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