La historia deja valiosas lecciones de las que se puede aprender en el presente, pero sobre todo da la experiencia para saber cómo actuar cuando el mismo problema aparece una vez tras otra. Grecia, cuna de la civilización europea, fue la fuente de sabiduría y conocimiento que alimentó a Europa y Occidente. Hoy, Grecia puede ser una vez más un ejemplo a imitar si Europa quiere protegerse de Rusia. ¿Por qué? Grecia lleva milenios luchando contra su eterno enemigo, un enemigo que está a las puertas de su casa y que es mucho más grande en términos de población. Sin embargo, Atenas está preparada. De hecho, lleva décadas lista para cualquier conflicto, por lo que su experiencia puede ser una buena guía de la que Europa puede aprender. Esta guía se podría titular, ‘Aprender a sobrevivir cuando tu mayor enemigo está casa’.

Para entender por qué Grecia debe ser aquí una suerte de guía para Europa hay que remontarse a hace miles de años. La rivalidad entre Grecia y Turquía hunde sus raíces en la Antigüedad, cuando las guerras médicas (siglo V antes de Cristo) enfrentaron a las polis griegas con el poderoso Imperio Persa, que dominaba Anatolia, territorio que siglos después sería parte del Imperio Otomano. Durante el periodo bizantino, el cristianismo ortodoxo y el helenismo se afianzaron en la región, hasta que en el siglo XV los otomanos conquistaron Constantinopla (1453, fecha que todos tenemos que aprender en el instituto) y extendieron su dominio por los Balcanes, incluyendo las tierras griegas. Grecia permaneció bajo control otomano durante casi 400 años, hasta su independencia en 1830, tras una guerra de liberación apoyada por potencias europeas. A partir de entonces, la relación entre ambos países estuvo marcada por el irredentismo griego y las tensiones territoriales. Estas relaciones de desconfianza y ‘guerra fría’ llegan hasta nuestros días, dando a Grecia una extensa experiencia que puede ser hoy sumamente útil.

El siglo XX agravó aún más la enemistad: la guerra greco-turca de 1919-1922 terminó con la derrota griega y un traumático intercambio de población entre cristianos ortodoxos y musulmanes. En Chipre, la independencia en 1960 no trajo la paz, y en 1974 Turquía invadió el norte de la isla tras un golpe de Estado pro-griego, dividiéndola hasta hoy. En la actualidad, las tensiones persisten por disputas sobre fronteras marítimas, espacio aéreo, recursos energéticos en el Egeo y el Mediterráneo oriental, así como por la cuestión chipriota. Aunque ambos países pertenecen a la OTAN, sus desacuerdos históricos y estratégicos siguen alimentando una rivalidad que combina memoria histórica, religión, nacionalismo y geopolítica.

No parece extraño, por tanto, leer en la agencia Bloomberg que cuando suena la alarma en la base aérea de Tanagra, al noroeste de Atenas, un caza Rafale tarda apenas cinco minutos en despegar y cruzar el mar Egeo hacia la frontera con Turquía. La amenaza turca hizo que Grecia se uniera a la OTAN en 1952 en un intento de la alianza por reforzar el flanco sureste de Europa durante los primeros años de la Guerra Fría. Si bien la Alianza Atlántico ‘unió’ a los dos antiguos enemigos, también propició una mayor vinculación entre Atenas y Occidente. Grecia se incorporó a la Unión Europea en 1981, cinco años antes que España y Portugal.

Las lecciones se extraen fácilmente. “Mientras Europa busca la manera de aumentar el gasto militar ante la amenaza rusa, Grecia ofrece ahora valiosas lecciones sobre lo que implica convivir con un adversario al lado. El país, de 10 millones de habitantes, ha mantenido unas fuerzas armadas fuertes a cualquier precio. Grecia superó sistemáticamente el objetivo de gasto de la OTAN del 2% del PIB, incluso en el punto álgido de una crisis de deuda soberana que sumió a la economía en la ruina. En 2015, año en el que Grecia se enfrentó a sus acreedores por las agobiantes medidas de austeridad diseñadas para sanear sus finanzas, aún superaba en gasto a Alemania, Francia y el Reino Unido como proporción del PIB”, destacan desde la agencia norteamericana.

A diferencia de otras partes de Europa, un ejército fuerte está arraigado en la mente de los griegos. El país se encuentra entre la minoría de las naciones de la Unión Europea con servicio militar obligatorio y el gasto en seguridad nacional ha sido habitualmente una política respaldada por los gobiernos de todos los partidos. “La estructura de defensa de Grecia se basa principalmente en disuadir a Turquía“, declara Ino Afentouli, director ejecutivo del Instituto de Relaciones Internacionales de Atenas y exfuncionario de la OTAN. “No hay otra prioridad”, señala este experto en declaraciones a Bloomberg.

Refiriéndose a la vecina Turquía, el ministro de Defensa, Nikos Dendias, ha instado a invertir aún más, explicando que, en comparación con Grecia, Turquía gasta 14 veces más dinero en equipamiento. “Hay una enorme diferencia de uno a 14 que viene a sumarse a otra diferencia de uno a 10 en población. Hace falta un enfoque completamente nuevo, que se oculta tras las cifras presupuestarias. La dirección principal es introducir al país en el siglo de la innovación”, expresó rotundo.

Como siempre, todo se reduce a la geografía y la historia. Dado que los países bálticos se han mantenido entre los más agresivos contra Rusia desde su invasión inicial de Ucrania en 2014, la familiaridad ha generado cautela. Grecia formó parte del Imperio Otomano durante cuatro siglos, y sus regiones del norte permanecieron bajo control turco hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial.

Los acontecimientos en Turquía tienen una amplia repercusión en los medios helenos. Esta semana, el encarcelamiento del rival político del presidente Recep Tayyip Erdogan fue el tema central, justo cuando Grecia conmemoraba el Día de la Independencia el 25 de marzo con su habitual desfile militar, que exhibía vehículos blindados, aviones de combate y las fuerzas especiales del país.

Consenso nacional

“La ubicación de Grecia es geopolíticamente muy particular, lo que plantea numerosos desafíos de seguridad”, afirma Spyros Blavoukos, profesor de la Universidad de Economía y Negocios de Atenas e investigador del centro de estudios ELIAMEP. Su geografía implica que el país “se encuentra en un proceso constante de preparación en lo que respeta a su gasto en defensa y sus programas de equipamiento militar”. Lo cierto es que la escala del gasto de Grecia como porcentaje de su producción sólo es comparable a la de EEUU o a la de países de la UE directamente en la órbita de Rusia, como Polonia o los estados bálticos. Esto ha granjeado numerosas alabanzas a Atenas desde EEUU, incluso del propio Donald Trump.

Durante los referidos duros años de crisis, durante algunos de los cuales estuvo gobernando una extrema izquierda, tradicionalmente en Europa refractaria a la inversión en defensa, encarnada en el partido Syriza, cualquier ahorro provino de la reducción de costes operativos, confirma Dimitris Liakos, exviceministro y miembro del equipo que negoció el tercer programa de rescate de Grecia con la eurozona. “Nunca se discutió la reducción de los programas de suministro de defensa”, afirmó. “Se reconoció la singularidad de Grecia”. El enfoque griego en preservar una fuerza disuasoria también se evidencia en su personal militar. Poco más del 1% de la población está empleada en las fuerzas armadas, en comparación con el 0,6% en Turquía, el 0,4% en Estados Unidos y el 0,2% en Alemania.

En los últimos cinco años, Grecia ha comprado aviones de combate y fragatas Rafale a Francia y también encargó hasta 40 F-35 a EEUU. Estos aviones contaron con el apoyo de seguridad de países más grandes. Grecia y Francia firmaron un pacto de defensa en 2021. EEUU, por su parte, tiene una base naval en la isla de Creta y utiliza el puerto de Alejandrópolis, en el extremo noreste de Grecia, para ejercicios multinacionales y movimientos militares .

La prueba del consenso nacional que existe en Grecia sobre la importancia de la defensa se vio a finales del año pasado en el parlamento. El actual gobierno conservador, de Nueva Democracia, consiguió una mayoría abrumadora de 258 a favor y solo 41 en contra al aprobar el gasto en defensa para 2025. Hasta siete partidos, incluido el considerado de extrema derecha Solución Griega y Syriza apoyaron este plan de gasto. Incluso Movimiento para la Democracia, escisión del izquierdista Syriza, votó también a favor.

“Somos plenamente conscientes de la situación actual y de las responsabilidades que de ella se derivan, a pesar de nuestras serias reservas sobre los programas de armamento que el Gobierno planea para el futuro, así como de los gravísimos déficits que existen actualmente en las fuerzas armadas”, argumentó el líder de Syriza, Sócrates Famellos.

Hay un ‘talón de Aquiles’

Las lecciones de Grecia también se extraen de lo ‘malo’. Si bien la nación mediterránea ha invertido a fondo en la compra de armamento, a diferencia de Turquía , produce muy poco por sí misma. Una parte importante del gasto nacional se ha destinado a personal militar y a la adquisición de armas del extranjero, mientras que se ha invertido muy poco en investigación y desarrollo. Esa es una oportunidad perdida, lamenta Afentouli, y un error que Europa debería evitar repetir mientras los países responden a la creciente incertidumbre sobre el papel de EEUU en la seguridad europea. “Si se tiene una estrategia de defensa a 10 años, se debe construir una industria nacional basada en lo que se tiene y en lo que se necesitará en el futuro”, plantea . “Se podría tener un ecosistema que impulse el crecimiento de las empresas nacionales. No hablamos de armas pesadas ni aviones, sino quizás de repuestos o software de defensa”.

El gobierno de Kyriakos Mitsotakis tiene previsto presentar su próxima estrategia de defensa a principios del próximo mes. Esta se centrará en una mayor participación de la industria de defensa griega y en el apoyo a las empresas emergentes locales, según han trasladado funcionarios del Ejecutivo.

El país tiene dos empresas de defensa principales: Hellenic Defence Systems, que produce varios tipos de municiones, y Hellenic Aerospace Industry, que apoya a los aviones de combate y fabrica piezas para aeronaves, incluido el F-16 . Con sede en la citada localidad de Tanagra, junto a la base aérea, Hellenic Aerospace Industry está en proceso de producir sus propios drones, así como un sistema anti-drones, una versión inicial del cual fue desplegada en buques de guerra griegos que participaron en la reciente operación naval Aspides de la UE en el Mar Rojo.

Fuente: Revista El Economista 

Comparte: