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La educación sexual tiene debilidades en Ecuador

Especialistas dicen que todo empieza con padres que expliquen desde los primeros años. En casa y en colegios se debe llamar a los genitales por su nombre. Docentes fiscales confiesasn que les cuesta responder preguntas.

Kevin (nombre protegido), de 7 años, es una de las víctimas del presunto caso de abuso sexual en la Unidad Educativa Aguirre Abad (réplica), en Guayaquil. Él fue criado por sus abuelos porque su madre migró a España. Sus familiares dicen que le habían aconsejado que nadie debe tocar sus partes íntimas. Pero afirman que también aprendió a cuidarse en el barrio donde juega fútbol con adolescentes, entre palabras soeces.

Este es el antecedente de la reacción que tuvo el menor cuando este mes fue al baño del plantel. Una fuente de la familia cuenta que el niño le dijo: “A mí me querían hacer m… Escuchaba que los profesores decían bájale el pantalón, yo nunca me dejé”. El hecho fue descubierto por otro alumno que entró a los urinarios y alertó al resto.

Dentro del pénsum escolar, la educación sexual está incluida en los contenidos de la materia de Ciencias Naturales. ¿Puede esta ser una herramienta de prevención contra pedófilos –adultos que tienen una inclinación erótica hacia los menores de edad–?

Aunque la guía del entorno de Kevin lo ayudó a evitar una posible violación, especialistas coinciden en que una educación sexual mejor orientada y una sociedad menos prejuiciosa alertaría a los menores de peligros y de cómo reaccionar.

El sistema educativo trata la educación sexual desde el punto de vista anatómico, dice el sexólogo Rodolfo Rodríguez Castelo, quien cree que se debe tocar abiertamente estos temas.

Alba Burgos, coordinadora del Departamento de Consejería Estudiantil de la Unidad Educativa Mariscal Sucre (UEMS), afirma que la educación sexual empieza en el hogar con los padres diciéndoles que nadie puede tocar sus partes íntimas: “Esto cuando tienen 2, 3 años y notamos que tienen más facilidades de comprender lo que está a su alrededor”.

Y siempre, dice Burgos, usando las palabras adecuadas: “Como pene, vagina, busto, porque no existen otros términos que definan los órganos sexuales. Al ponerles otros nombres se forma un significado algo errado de este tema y allí es que se van creando ciertos prejuicios sobre la sexualidad”.EU

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