La brutal pérdida de poder adquisitivo de las familias: inflación en máximos, depósitos en mínimos y salarios estancados

El año de la recuperación económica ha sido también el año de la vuelta de la inflación. Los precios están subiendo al ritmo más rápido de la corta historia de la zona euro, mientras que en países como España el IPC se sitúa en máximos desde 1992. Todo ello en un entorno de tipos de interés mínimos y salarios prácticamente estancados. Las familias se están enfrentando al ‘monstruo’ de la inflación prácticamente desarmadas.

 

Esta combinación de factores se ha convertido en la gran amenaza del poder adquisitivo de las familias, sobre todo de aquellas que no tienen la opción de negociar sus salarios al alza o de invertir en activos de mayor riesgo que sí están ofreciendo una rentabilidad que al menos cubre la subida de precios. Por ello es habitual denominar a la inflación como el ‘impuesto de los pobres’.

Los precios llevan subiendo con fuerza desde hace varios meses, mientras que la reacción de los salarios y también la de los tipos de interés podría llevar algo más de tiempo (unos tipos de interés que empiecen a reflejarse en activos más conservadores como los depósitos). Durante este transcurso, buena parte de la población se enfrenta a una perdida de poder adquisitivo masiva.

Una inflación dañina

El IPC está creciendo a un 5% interanual en la zona euro y al 6,5% en España. Además, buena parte de está inflación se centra en ciertos bienes cuya demanda/consumo es muy rígido (energía), lo que complica o imposibilita la búsqueda de bienes sustitutos que permitan esquivar esta subida histórica de los precios.

Desde Allianz señalan en un nuevo informe que las familias españolas se enfrentan a una pérdida de poder adquisitivo compleja: “La inflación esperada cercana al 4% este año, especialmente los altos precios de la energía, pesará sobre el poder adquisitivo real de los hogares”. Aunque reconocen que es un fenómeno europeo y que podría ser decisivo, por ejemplo, en las próximas elecciones de Francia.

Al contrario de lo que podría estar pasando en otras economías donde la demanda (gracias a una mayor renta y unos salarios nominales que crecen con fuerza) es uno de los grandes factores que están impulsando la inflación, “en Europa sigue estando impulsada predominantemente por la energía y los cuellos de botella en el suministro. Todo esto es inflación de ‘costes’ sin prácticamente signos de ‘tirón de demanda’. En otras palabras, la alta tasa de inflación en Europa es una señal de erosión de los ingresos reales de la población y, por lo tanto, del poder adquisitivo, no una señal de sobrecalentamiento”, aseguran los economistas de Unicredit en su informe semanal.

Patrick Artus, economista de Natixis, señala en un informe todas las amenazas a las que se enfrentan las familias por el lado de los precios para mantener el poder adquisitivo. La fuerte subida de la energía, tanto la electricidad como los combustibles, los mayores problemas para acceder a la vivienda ante el auge de los precios, mayor coste del transporte y otros servicios que afectan en mayor medida a las rentas bajas… “en definitiva, los países europeos se enfrentan a múltiples subidas de precios que pondrán a prueba el poder adquisitivo”.

Unos salarios estancados

Mientras que la inflación sube, los salarios se mantienen prácticamente estancados. Aunque la remuneración de los trabajadores suele ir por detrás del ciclo de precios (primero sube la inflación y luego los salarios a riesgo de crear un bucle), en esta ocasión la brecha está siendo abismal y aunque los sueldos comiencen a repuntar en 2022, las subidas esperadas (incluso las más optimistas) seguirían dejando unos salarios en términos reales inferiores a los de 2020.

“El crecimiento de los salarios sigue siendo absolutamente decepcionante. La tasa de crecimiento de los salarios negociados en la zona euro se redujo a solo el 1,3% (interanual) en el tercer trimestre, la más baja desde la introducción del euro en 1999. Una de las razones de esta evolución salarial es la plena restauración de la participación laboral (la vuelta al trabajo de muchos de los que lo perdieron durante el covid) a su nivel anterior a la pandemia en Europa”, aseguran desde Unicredit.

En el caso de España, los salarios pactados en convenio subieron de media un 1,47% hasta diciembre de 2021, por debajo de lo registrado en el mes anterior (+1,49%) y muy lejos del IPC cuyo dato avanzado se situó a cierre de año en el 6,5%, su tasa más alta en 29 años. El dato de IPC interanual de diciembre implica una inflación media para todo el año 2021 del 3,1%, más del doble de la subida salarial pactada hasta diciembre en la negociación colectiva. Sin embargo, si la inflación se mantiene alta, como es de esperar, los salarios seguir perdiendo poder adquisitivo mes a mes en este 2022.

Como reconocía el Banco de España en un informe reciente, los salarios tardarán en adaptarse a la inflación si es que lo terminan haciendo porque la mayor parte los convenios registrados en 2021(y en los años anteriores) no cuentan con cláusula de revisión salarial para evitar pérdidas de poder adquisitivo.

En concreto, de los 2.886 convenios de 2021, sólo el 15,8% (456) contaban con una cláusula de garantía salarial y de ellos, sólo 354 contemplan que ésta se aplique con efectos retroactivos, según la estadística de Trabajo. Estas cifras chocan con las de 2005, cuando un 72% de los trabajadores tenían algún tipo de salvaguarda para mantener el poder adquisitivo de sus salarios.

Golpe a las familias más pobres

Este golpe a las familias afecta sobre todo a aquellas cuyo poder de negociación salarial es menor, que normalmente suelen coincidir con las que presentan unas remuneraciones inferiores y unas cualidades menos demandadas en el mercado laboral. A su misma vez, tal y como revelan los datos de la última Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, son las familias con una menor riqueza neta las que mantienen una mayor parte de sus activos financieros en depósitos (el 57% de todos sus activos financieros) y otros instrumentos que hoy son incapaces de ofrecer una rentabilidad ni siquiera cercana a la de la inflación.

Los cientos de miles de millones de euros en depósitos que atesoran los españoles pierden poder de compra día a día. De media (incluyendo las rentas altas y bajas), el 24,5% de los activos financieros de los españoles están precisamente en depósitos. Estos instrumentos ofrecen una rentabilidad del 0,01% en España y del 0,20% en la zona euro (depósitos a un año), muy lejos de cubrir el incremento del coste de la vida. Así, los golpes para el poder adquisitivo llegan por varios frentes.

Por el contrario, esta misma encuesta revela que “para los hogares en el decil más alto de la distribución de la riqueza, es mucho mayor el peso relativo de las acciones no cotizadas y participaciones, acciones cotizadas o planes de pensiones”, mientras que los depósitos solo representan un 12,5% de todos sus activos financieros. Además, estos hogares que se encuentra en la parte alta de la riqueza y de la distribución de la renta son los que posees frecuentemente una segunda vivienda o más en propiedad. Justo son las acciones, los fondos o la vivienda, los activos que están permitiendo capear de mejor forma esta oleada de inflación.

El lado positivo que pueden encontrar los hogares es que la inflación, al igual que reduce el poder adquisitivo real, también reduce la carga real del pasivo, es decir, de las deudas. La inflación eleva el precio de todo, pero las deudas (salvo las que están a tipo variable) se mantienen. Esto, en principio, supone un alivio para los hogares con más deuda respecto a sus activos.

No obstante, los datos del Banco de España revelan que los hogares con un mayor de deuda sobre sus activos totales se encuentran en los percentiles de renta que pertenecen a la clase media y media alta. Mientras que los percentiles más bajos acumulan una deuda que equivale al 10,4% de todos sus activos y los percentiles más altos (el 10% de los hogares con más renta) tiene una deuda que equivale al 9,3% de todos sus activos. La diferencia en términos netos es escasa y en todo caso es la clase media la más endeudada, en términos relativos, con un 14% de deuda sobre activos totales.

Por todo ello, desde el despacho patrimonial Bernal & Sanz Bujanda confirman en un análisis reciente que “los economistas siempre aluden a la inflación como el impuesto de los pobres. Esta afirmación nos lleva a plantearnos una cuestión sobre el ahorro de los hogares españoles. Conforme a los datos que ofrece el INE, el ahorro de los hogares en el tercer trimestre alcanzó in 3,7% de su renta disponible. Las familias españolas ahorraron entre julio y septiembre un total de 6.547 millones de euros. Este ahorro, parte del cual se destina a depósitos bancarios, lleva a nuestro familias a mantener cerca de un billón de euros en depósitos. ¿Con una inflación altísima como es posible que los depósitos bancarios, remunerados por debajo del 1% y lastrados por la fiscalidad, alcancen esta cifra récord con la pérdida de poder adquisitivo que supone?”

Fuente: Revista El Economista

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