Alemania: restaurantes y minoristas al borde de la quiebra

Cerrado», advierte el cartel que cuelga en la puerta de la tienda de bolsos de Anke Runge en Berlín. Desde el 16 de diciembre, la diseñadora tiene cerrado su negocio, y, como muchos otros comerciantes, ya no puede recibir clientes en su tienda. A finales de noviembre, su situación económica ya era complicada. ¿Cómo le va ahora, en condiciones aún más estrictas?

«Mal, por supuesto», dice Runge, que sigue trabajando en la parte trasera de su taller todos los días. En lugar de diseñar y coser bolsas, fabrica contenedores de material ignífugo. Un trabajo adicional que la mantiene, en parte, a flote económicamente. «Mi arrendador cedió y renunció a la mitad del alquiler por seis meses. Eso ayuda mucho», comenta Runge. «Sin embargo, sigo pensando en cerrar el negocio», lamenta.

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