Exjefe negociador de Gobierno con las FARC es pesimista sobre diálogo con ELN

BOGOTÁ.- El que fuera jefe negociador de paz del Gobierno de Colombia con las FARC, Humberto de la Calle, es pesimista con la posibilidad de alcanzar un acuerdo similar con la guerrilla ELN, cuyo comportamiento, que considera enigmático, ve como un obstáculo para un diálogo eficaz.

«Veo esto con mucho pesimismo, es muy difícil seguirle el paso a la dirección política del ELN, es francamente inexplicable», dijo De la Calle en una entrevista con EFE con motivo del lanzamiento de su libro «Revelaciones al final de una guerra», editado por Penguin Random House bajo el sello Debate, una memoria sobre los casi cinco años de las negociaciones con las FARC en La Habana.

De la Calle puso como ejemplo de esa actitud indescifrable el atentado terrorista del Ejército de Liberación Nacional (ELN) el pasado 17 de enero contra la escuela de la Policía en Bogotá, que costó la vida a 22 cadetes, entre ellos una ecuatoriana, lo que tachó de «locura».

«Lo que ocurrió en este atentado es un error monumental que solo sirve a los opositores a un proceso de paz. Descifrar ese enigma psicológico es prácticamente imposible», añadió.

Según De la Calle, a diferencia de las FARC, que operaba como un ejército «con un régimen de autoridad absolutamente eficaz», en el ELN «la línea de mando es muy tenue» y el llamado Comando Central (COCE) de esa guerrilla opera más como «un punto de encuentro cuasi federal» de los distintos frentes.

Además, el ELN «desde el principio ha tenido más carácter endémico, tiene más presencia en muchas comunidades, luego eso dificulta la concepción netamente militar de este problema» pues por su dispersión en las zonas rurales es más difícil atacar a esa guerrilla.

«No se trata de bombardear, ¿bombardear a quién? Usted llega a Arauca (departamento limítrofe con Venezuela donde es más fuerte esa guerrilla) y hay mucho ELN dentro de la comunidad. Me parece que (combatirlo) es más una tarea metódica, de inteligencia, de justicia, también del uso legítimo de las armas, pero la metodología tiene que ser distinta», afirma.

El anterior Gobierno de Colombia y el ELN iniciaron en febrero de 2017 en Quito un diálogo de paz que en mayo de 2018 fue trasladado a La Habana y que el presidente Iván Duque puso en revisión al asumir el cargo en agosto pasado, para evaluar la efectividad de la negociación.

Duque condicionó la continuidad del diálogo a que el ELN dejara en libertad a todos los secuestrados que tiene en su poder y a que renunciara a todas sus actividades criminales, hasta que el atentado del mes pasado contra la Escuela de Cadetes dejó en punto muerto el proceso.

«El ELN es el grupo político con el que más se ha negociado en Colombia, a mí mismo me tocó iniciar en el año 1991 como ministro (de Gobierno, hoy del Interior) las conversaciones con la llamada coordinadora nacional guerrillera, donde confluyeron todas las guerrillas de aquel entonces. Y casi que el mayor lastre fue el ELN, que desde ese momento parecía muy renuente a encontrar acuerdos», recuerda.

De la Calle considera que el Gobierno está en lo correcto al exigir al ELN la liberación de todos los secuestrados, y subraya: «yo apoyo al presidente Duque en esta materia», pero cree que se equivoca al condicionar también el diálogo a la suspensión de todas las hostilidades por parte de la guerrilla.

«Eso, dicho de manera tan tajante, puede ser prácticamente infranqueable, una guerrilla no suspende el uso de las armas para comenzar unas conversaciones (…) Una guerrilla no cesa el fuego para empezar a conversar, por lo menos en las condiciones de Colombia», dice.

Por eso recomienda al Gobierno «no quemar las naves» con el ELN sino «buscar algún tipo de camino intermedio», como presionar para que suspendan «las actividades guerrilleras que pueden considerarse como terrorismo, las que más afligen a la opinión pública».

«Una de las claves del éxito en La Habana es que, con todo lo doloroso que fue, negociamos bajo el fuego, es lo que es realista. Separarse de eso me parece que genera un obstáculo muy difícil porque es prácticamente pedirle a la guerrilla que se rinda anticipadamente sólo para empezar a conversar», sentencia.

En este punto subraya que le parece «repudiable» cualquier forma de violencia y aclara: «A propósito, nada de lo que decimos es un aplauso a la guerrilla, porque claro, aquí siempre lo califican a uno de castrochavista, de guerrillero solapado» por insistir en la vía del diálogo y la negociación.

Fuente: diariolasamericas.com