El presidente chino, Xi Jinping, visitará Pyongyang y Kim Jong-un viajará a Moscú

El líder norcoreano, Kim Jong-un, parece decidido a acelerar el proceso de aperturismo que comenzó a principios de este año, cuando anunció su disposición a negociar una salida pacífica a la tensión que implica la existencia de su arsenal nuclear. Según ha anunciado el secretario de Estado Mike Pompeo, de gira por la región, en su encuentro del domingo Kim se comprometió a permitir la visita de inspectores internacionales para confirmar desmantelamiento de las instalaciones nucleares de Punggye-ri, dinamitadas el pasado mayo.

La oferta es percibida como un gesto de buena voluntad para relanzar las negociaciones con Estados Unidos, de quien Pyongyang espera a cambio un gesto de reciprocidad, y que podría traducirse en una nueva cumbre con Donald Trump en un futuro próximo.

Pompeo indicó que en la cumbre de Pyongyang se discutió cómo se producirá la verificación del desmantelamiento de infraestructuras militares, en lo que parece una nueva concesión norcoreana. En su última cumbre con el presidente sureño, Moon Jae-in, Kim se comprometió a destruir la central de Yongbyon y un centro de pruebas de motores de cohetes siempre que Washington adopte medidas similares, una alusión a la firma de un acuerdo de paz o al alivio de las sanciones internacionales impuestas a Corea del Norte.

Además, el secretario de Estado se mostró confiado en que una segunda cumbre entre Kim y Trump se produzca en un corto plazo de tiempo, si bien la agenda de Kim Jong-un podría ser apretada en las próximas semanas. Según ha comunicado el presidente surcoreano Moon Jae-in a su gabinete, su homólogo norteño está preparando una visita del líder chino Xi Jinping a Pyongyang y también podría viajar a Rusia para entrevistarse con Vladimir Putin.

En el caso del dirigente chino, Xi Jinping no ha visitado Corea del Norte desde que llegó al poder en 2013 (sí lo hizo como vicepresidente chino, en 2008) aunque ha recibido en dos ocasiones al líder norcoreano. En cuanto a Moscú, padrino durante décadas del régimen comunista, ha ejercido un papel primordial en los acontecimientos de la península y mantiene activa su influencia, ya sea a la hora de apoyar las sanciones o de respaldar una solución dialogada, por lo que resulta natural que Kim viaje antes de finales de año a la capital rusa en el contexto de visitas internacionales que lleva realizando desde principios de año.

El pasado viernes, la portavoz del Senado ruso, Valentina Matviyenko, visitó Corea del Sur y adelantó a sus interlocutores que los preparativos para el viaje de Kim están en marcha, y podría no ser la única cumbre regional a la vista. «La posibilidad de una cumbre entre el Norte y Japón también permanece abierta», confió Moon, citado por la agencia estatal Yonhap. «Se está creando un nuevo orden en la península coreana que llevará a un nuevo orden en el noreste de Asia», añadió Moon. «Debemos esforzarnos por cooperar con todos los países concernidos».

Ese nuevo orden va parejo a la normalización de relaciones entre Pyongyang y Washington, una carrera de obstáculos que vuelve a vivir tiempos optimistas. «El viaje [de Pompeo] ha creado la atmósfera y las condiciones para celebrar una segunda cumbre entre el Norte y Estados Unidos próximamente», confirmó el surcoreano.

Moon no ha dado más detalles pero nadie duda de su nivel de conocimiento, dado que se ha consagrado como un aliado de Kim en el proceso de distensión hasta el punto de mantener tres cumbres intercoreanas y haber lanzado medidas conjuntas militares, diplomáticas y económicas destinadas a resolver la división que parte la península coreana desde 1953. Ambos responsables acordaron en su primera cumbre, celebrada en la ciudad fronteriza de Panmunjom, terminar con el contencioso que enfrenta a Norte y a Sur desde la Guerra de Corea. Desde entonces, Moon se ha caracterizado por su habilidad política a la hora de limar asperezas y lograr concesiones que satisfagan a todas las partes.

«Productivo y maravilloso»

El presidente sureño se pronunció tras recibir, anoche, a Mike Pompeo en la Casa Azul, la presidencia surcoreana. El secretario de Estado norteamericano aterrizó en Seúl procedente de Pyongyang, donde llevó a cabo su cuarta visita oficial. A diferencia del tercer viaje de Pompeo -cuando Kim ni siquiera se dignó a recibirle- el dictador asiático le ofreció esta vez un trato privilegiado y, tras el encuentro, Kim se mostró confiado en un «desarrollo favorable» de las circunstancias, dado la «extremada confianza» recíproca que tiene en Donald Trump, según ha informado la Agencia Central de Noticias de Korea (KCNA, por sus siglas en inglés).

Kim llegó a tachar su encuentro con Pompeo de «productivo y maravilloso», según explicaba la agencia en un entusiasta artículo que contrasta con el tono de hace sólo algunas semanas, cuando los reproches mutuos enturbiaban las relaciones bilaterales y parecían alejar una solución negociada.

Hoy, nadie en Washington lamenta las reticencias de Pyongyang a la hora de definir un calendario de desnuclearización -que Corea del Norte supedita a medidas recíprocas por parte de EEUU- o la lentitud a la hora de desvelar la lista de instalaciones nucleares a cerrar. Tampoco Pyongyang vuelve a referirse a los «métodos mafiosos» por los que fustigó el pasado verano a su interlocutor Pompeo. Ambas partes parecen comprometidas a mantener un encuentro al más alto nivel»lo antes posible», hasta el punto de que Kim Jong-un agradeció a Trump sus «esfuerzos sinceros» para realizar progresos en la aplicación del acuerdo de Singapur, y solicitó a Pompeo que «enviase sus saludos a Trump».

Tras visitar Japón, Corea del Norte y Corea del Sur, el secretario de Estado finaliza hoy su gira en China, donde ha sido recibido por su contraparte, el ministro de Exteriores y consejero de Estado Wang Yi, en un encuentro caracterizado por la tensión fruto de la guerra comercial. «La parte estadounidense ha escalado constantemente la tensión comercial con China y también ha adoptado una serie de acciones sobre el tema de Taiwán que dañan los derechos de China, y ha criticado sin fundamento las políticas internas y externas de China», afirmó Wang en la conferencia de prensa. «Creemos que es un ataque directo a nuestra confianza mutua que ensombrece nuestras relaciones, por lo que exigimos que nuestra contraparte estadounidense detenga este tipo de acciones», añadió.

 

Fuente: elmundo.es