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Guillermo Arosemena: Solca bajo asedio

Desde su fundación, 1951, Solca luchó por su sobrevivencia; cada década hubo problemas, al extremo de estar al borde de desaparecer en más de una ocasión. En Memorias Porteñas escribí sobre lo que ha enfrentado. Fuerzas malignas han rondado como buitres. Un gobierno militar le quitó la renta propia, producto de un impuesto a los préstamos bancarios, y la sustituyó por un monto que estuvo fijo por años. Gracias a Mariana Roldós se obtuvo que su hermano Jaime la restituyera. En otro hecho arbitrario, el Congreso redujo la renta a la mitad, alegando que la otra mitad debía quedarse en Quito, sin considerar que la costa tiene más población que la sierra.

Gracias a Solca nació la oncología en Ecuador y por gestión del Dr. Juan Tanca Marengo, se logró que muchos médicos de Solca se especializaran en el Instituto Gustave Roussy de Francia, gran centro oncológico de Europa.

Se quiere crear un ente burocrático para coordinar y vigilar el tratamiento del cáncer en Ecuador: Consejo Nacional de Lucha Contra el Cáncer. La mentalidad burocrática no mejora, continúa en el Gobierno actual; los burócratas dorados no solo están en las instituciones multilaterales en Washington D.C., Nueva York, Ginebra y otras partes del mundo. Los tenemos en Ecuador, funcionarios públicos que ganan miles de dólares mensualmente. Solca no necesita coordinación y vigilancia, ya existe la Contraloría y el Consejo Directivo Nacional. Se dice que este nuevo elefante blanco protegerá los derechos de los pacientes; ahora, el Gobierno no lo hace cuando no cumple sus compromisos de pagos. Quienes están en el Consejo Directivo en Guayaquil son profesionales voluntarios que han sido exitosos en sus actividades privadas y trabajan gratis dentro del espíritu de voluntariado, tan arraigado en los guayaquileños.

El tratamiento del cáncer es muy costoso por el alto precio de equipos y medicamentos. Hay que saber optimizar el dinero. El sentido de urgencia y ahorro en un profesional voluntario es más efectivo que el del burócrata, salvo excepciones. Alfaro admitió que el Estado es pésimo administrador. ¡Defiendan a Solca!

Fuente: EXPRESO

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