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Guillermo Arosemena: ¿Hay futuro?

El último cuarto de siglo se han escrito libros sobre el progreso de las naciones, incluyendo recientemente estadísticas que se remontan a más de 4.000 años atrás. Son útiles porque permiten comparar cuantitativamente a los países. Son redactados por profesores de famosas universidades: Van Doren, Morris, Madisson, Snooks, etc.

Todas esas historias que evalúan el desarrollo de las naciones tienen rasgos comunes, entre ellas: países que lideran la política, economía y tecnología a nivel mundial, y otros que son imitadores rezagados. Los grandes imperios en la historia de la humanidad fueron originalmente sociedades atrasadas. Se hicieron líderes por buenos gobiernos, sus sociedades aprendieron a tener control del entorno, se propusieron objetivos difíciles de alcanzar y hacer que funcione el mercado.

Nuestra región ha hecho todo lo contrario durante la colonia y luego en la república. Sin darnos cuenta optamos por ser rezagados, salvo, uno o dos países. Fue voluntad de los gobiernos apuntar a un lento progreso que nos tiene siempre en la retaguardia.

La sociedad latinoamericana está condenada a ser espectadora del formidable crecimiento económico y tecnológico de Asia, que arrancó a 1965, continente que era exportador de materias primas; hoy nos convertimos en sus proveedores de bienes primarios.

Pasamos las décadas de un gobierno mediocre a otro, lo que ha hecho aceptar la mediocridad como modo de vida. El interés por superarse, por hacer las cosas mejores, no está en la mente de los latinoamericanos. Aquí se sigue hablando de los “imperios” que quieren robar nuestras materias primas, los oligarcas que explotan a los pobres, los cucos como el FMI, etc. Es la misma cantaleta que va de generación en generación.

Lograr acuerdos es una quimera, eliminar la corrupción es otra. Mientras tanto tenemos poderes del Estado donde lo nuevo es el cambio de caras, nada más. Vivimos de mentira en mentira y de ofrecimientos que no se cumplen. Hacemos el ridículo en el mundo y no ha pasado nada. Felicito a aquellos que todavía tienen fe en Ecuador, yo la perdí hace mucho tiempo.

Fuente: EXPRESO

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