Guillermo Arosemena: El complejo de inferioridad continúa

Cuando estudiaba universidad en los años sesenta, se publicó la teoría de la dependencia; fueron los primeros desarrollistas en proponerla: André Gunder Frank, Raúl Prebish, Immanuel Wallerstein, Samir Amin, entre otros. Se llamaban científicos sociales. Para ellos América Latina estaba condenada a ser pobre por dedicarse a producir y exportar materia prima a los países prósperos y a cambio importar producto terminado. Era una condición creada para favorecer a países del norte en detrimento de los del sur, que mantenían eterna pobreza. Los citados economistas olvidaron que los países prósperos comenzaron con la exportación de materias primas y semiindustrializados, caso de los británicos. Antes de la Revolución Industrial, su principal rubro de exportación fueron productos de lana; más de 25% del total de la exportación. Quizá se podría afirmar que la industrialización de los textiles británicos fue la mayor beneficiaria de la Revolución Industrial.

EE. UU. fue productor y exportador de materias primas, entre ellas el algodón. Después de la Independencia, Thomas Jefferson consideraba que el futuro de ese país se encontraba en la agricultura; hubo diferencia con Alexander Hamilton, quien estaba en desacuerdo, al apoyar la industrialización.

La teoría de la dependencia fue una teoría fatalista, que salió de la mente de los antes mencionados. Años después, algunos admitieron que estaban errados. Terrible equivocación que detuvo el crecimiento de América Latina.

David Landes en su magnífica obra, La riqueza y pobreza de las naciones, por qué algunas son tan ricas y otras tan pobres, escribe que el rubro más importante de exportación de América Latina ha sido la teoría de la dependencia. Este estado de inferioridad todavía continúa en el siglo XXI. Ocurre, entre otros factores, cuando los gobiernos no crean las condiciones para que la población tenga empleo pleno. Más de 60.000 ecuatorianos han tratado de ingresar a Estados Unidos. El éxodo es claro ejemplo de inferioridad; es como decirle al migrante, en Ecuador no podemos darte trabajo, emigra a EE. UU., donde sí lo conseguirás.

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