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Gonzalo Cucalón: La ficción de la política

Los políticos tienden a querer mantenerse en el poder. Para lograr esto tienen que identificar a quiénes les van a proporcionar los apoyos, tanto electorales como en la legislatura y en la administración, para poder gobernar.

En un país democrático existe una competencia de ideas para ganarse la voluntad de los electores, quienes usualmente van a apoyar al candidato y al partido que pueda ofrecer creíblemente mayores beneficios para la mayoría. Una vez elegidos, los gobernantes democráticos tienen que financiar estas propuestas con los impuestos que les cobran a los ciudadanos y, si los ciudadanos sienten que los impuestos no están siendo usados correctamente por los responsables de turno, en las siguientes elecciones pueden votar por otra propuesta. El apoyo electoral es clave para mantenerse en el poder.

En un país petrolero, por otra parte, la fórmula cambia. Un gobernante no requiere necesariamente preocuparse de los efectos de los impuestos, dado que su fuente de dinero es la extracción del oro negro. Una vez en el poder, puede dedicarse a repartir los ingresos entre los que lo apoyan, tanto para pasar leyes en la legislatura como para manejar el aparataje del Estado a la conveniencia del selecto grupo que lo mantiene en el poder.

Los ciudadanos pierden representatividad y el gobierno empieza a tomar medidas para beneficiar de manera privada a unos cuantos, a cambio del apoyo para mantenerse en el poder, creando redes mafiosas cercanas al poder político. Por esta razón es que los países petroleros tienden a ser autoritarios, con un gasto militar bastante importante. Un ejemplo cercano y extremo de esto es Venezuela, donde hemos visto lentamente cómo el apoyo militar para que el gobernante se pueda mantener en el poder ha ido ganando protagonismo.

En el Ecuador vemos una mezcla de ambos sistemas. Si bien se realizan elecciones con pluralidad de candidatos, lo cual nos ha llevado a campañas electorales que buscan responder las inquietudes de la población, una vez en el poder vemos también una tendencia a querer aprovecharse del poder del Estado para beneficiar intereses privados de los allegados. Casos recientes, como “Sobornos 2012 – 2016” y el caso de la repartición de los hospitales públicos son solo muestras de cómo se puede utilizar la corrupción para mantenerse en el poder.

Es que un sistema corrupto también es conveniente para los que están en el poder. Al enriquecerse de manera ilícita, los allegados quedan vulnerables a acusaciones judiciales, lo cual le permite al gobernante deshacerse de miembros de su grupo una vez que no sean más de su agrado, como ha pasado recientemente en China y Arabia Saudita.

Además, este sistema permite pagarles menos a los funcionarios públicos, dado que se espera que estos utilicen su función para extraer coimas de la ciudadanía, ahorrándole dinero al gobernante, que puede utilizar esos fondos para comprar otros apoyos.

Esto explica porqué, a pesar de que los ciudadanos han votado en repetidas ocasiones por nuevas caras y renovación, la corrupción es una constante, sin importar las ideologías de los políticos de turno.

Esa es la ficción de la política: pensar que solo con elecciones y renovando los colores y los nombres de los responsables van a cambiar las cosas. El sistema corrupto que gobierna es mucho más resistente que eso.

 

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