Francisco Swett: Transversalizaciones

El ministro de Educación, a través de una mañosería reglamentaria, pretendió violar las “líneas rojas” de la tolerancia colectiva. Fue tal la contrarréplica, que el presidente se vio en la necesidad de recular y cambiar un texto que, bajo el pretexto de proteger a la mujer, buscaba deslizar propuestas torcidas para actualizar los currículos, textos, y guías docentes, introduciendo estulticias como “la transversalización de enfoque de género, nuevas masculinidades y mujeres en su diversidad”.

Es un episodio más en una batalla presente. Transversalización, nuevas masculinidades, y mujeres en su diversidad son palabrejas inventadas por el SSXXI. Los niños y adolescentes, sin capacidad de discernimiento, son la audiencia cautiva de los temas de la transversalidad, esto es de la condición de hombres que no se sienten pertenecer al sexo masculino, o de mujeres que están alienadas de su conformación sexual femenina, o de cualquiera de las permutaciones que la transversalidad incluye. Hablar de nuevas masculinidades es una afirmación de que los hombres actuales están obsoletos y el sexo masculino debe ser renovado con nuevos especímenes transversales que incluyan las “drag queens”, los travestis, y los transexuales de origen masculino o femenino. Las “mujeres diversas” incluyen homosexuales, bisexuales, y “mujeres” perfectamente formadas que mantienen los órganos sexuales masculinos.

Cabe preguntar: ¿dónde pretende parar todo esto? En el mundo de la relatividad sexual, la pederastia es una condición transversal genéticamente determinada que busca su legalización, y el bestialismo interespecies no tiene por qué quedarse atrás. La indoctrinación cumple ese propósito a cabalidad, pues abusa del poder coercitivo del Estado que pretende imponer un nuevo patrón dominante de la sociedad.

El enjambre de desmoralización va de la mano con la cultura de las drogas (ya consagrada en la ley correísta), con el aborto a la orden sin restricciones, y, obviamente, con la intencionalidad de debilitar a la familia como núcleo regente del quehacer individual y social. Y no se trata de ser gazmoño para trazar una línea roja de inviolabilidad, pues rechazar la ideología de la transversalización no impide reconocer que a lo largo de la historia ha habido personajes geniales (Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti, Leonard Bernstein saltan a la mente) que, siendo homosexuales, iluminaron con sus vidas las artes, la ciencia, y los diferentes ámbitos del quehacer humano. Generalizando la observación, ser homosexual no descalifica a la persona como un ser normal con sentimientos, inteligencia y capacidad para vivir vidas provechosas.

Pero esto es diferente. En su forma original, el decreto presidencial era un atentado directo contra la libertad toda vez que buscaba imponer los criterios de minorías con sus propias agendas de dominación. A la luz de este tipo de ideologías se cuecen los episodios de los escolares violados por sus profesores, de la organización de concursos de “reinas” entre niños varones, el lesbianismo como la norma, y por sobre todo, la cacería de las mentes infantiles y adolescentes para engrosar el ejército de los transversales.

Fuente: EXPRESO

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