Francisco Swett: Sociopatía colectiva y la economía

¿Cómo se asocia esto con la economía? La repuesta es que la condición social de creciente pobreza y miseria crea resentimiento masivo, y la protesta se manifiesta en expresiones que desafían la razón.

El síndrome de la sociopatía identifica al personaje que se siente incómodo en las relaciones interpersonales, es emocionalmente inestable e incapaz de tomar decisiones para beneficiar a terceras personas. ¿Existe un colectivo sociopático? Las estadísticas muestran una afectación de entre uno y cuatro por ciento de la población por lo que su presencia en el ente social existe, pero es minoritaria. Sin embargo, dicha presencia se magnifica bajo el influjo de las redes sociales que, al amparo de la anonimidad y la viralización de lo falso y fantástico, hace aflorar comportamientos que incluyen la manipulación y el engaño, la mentira, el agravio y la ausencia de todo sentimiento de empatía.

¿Cómo se asocia esto con la economía? La repuesta es que la condición social de creciente pobreza y miseria crea resentimiento masivo, y la protesta se manifiesta en expresiones que desafían la razón. Tan solo el 15 % de los ecuatorianos espera hallar un empleo productivo y, consistentemente, la preocupación mayor de los encuestados (y la única en la que hay acierto en los resultados interesados) es la falta de empleo. Dos de cada tres miembros de la población económicamente activa están desempleados, y es este el vector determinante de la condición de estrés permanente en la que se debaten muchos hogares ecuatorianos.

Estamos en medio de una lid electoral asaltada por dudas que ganan terreno debido a la pérdida de credibilidad de la autoridad, y pintan un escenario de caos. Ecuador está a la cola de la vacunación entre los países mientras los muertos y contagiados continúan desfilando. Hay un gobierno que decidió vacar el ejercicio del poder a lo largo de su gestión, dando paso a que su heredad ideológica y política se convierta en su aparente gran adversario. Los errores profundos de la gestión y la ausencia de liderazgo han creado la imagen de “abandono del barco” y dado paso a las especulaciones más bizarras. La pandemia le propinó una golpiza a los ecuatorianos, quienes sintieron las consecuencias de la catástrofe que, como de costumbre, se ensañó con los más frágiles. En un ambiente de desesperación, la insistencia del Gobierno de centralizar la dotación de vacunas a través de un Ministerio de Salud hundido en el descrédito demostró que la tarea de racionamiento por ellos ejecutada es un fracaso y contraría el bien público. Se han dado los episodios de los que saltaron la cola con impudicia y han aparecido los voceros del movimiento antivacuna cuyas “alarmas” incrementan los niveles de incertidumbre y exasperan a la población. De ahí que el episodio de la vacunación de unos Rotarios de la tercera edad se convirtió en una causa célebre de la disfunción social y política del país. El saxo, apreciado en el caso de una candidatura política dio paso, en esta ocasión al procaz uso del lenguaje para denunciar un derroche inexistente, y la dotación de agua para los mayores fue descrita como un bufet de pelucones.

El sentimiento colectivo es un poderoso determinante de la suerte económica del país. La buena política económica o la seguridad jurídica no bastan por sí solas. Si la sociopatía colectiva impera no resolveremos los problemas cruciales y esa suerte es nada deseable.

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