Francisco Swett: La otra cara de los impuestos: el malgasto

Si el Presupuesto de 2022 no rompe los paradigmas del pasado, la economía continuará en una catalepsia inducida por el gasto infranqueable y mal distribuido. El mayor rubro presupuestario es el servicio de la deuda y esa condición define el estancamiento económico. El perfil del crédito público es insustentable; se requiere que el servicio de los pasivos no entorpezca el crecimiento y el saldo pagadero baje como proporción del PIB. Ecuador es el país con mayor endeudamiento relativo en la región y sus títulos tienen calificación de “basura”; los rendimientos de los bonos ecuatorianos están entre los más altos del mundo, lo que no nos debe enorgullecer, sino todo lo contrario.

La también “basura fiscal” heredada es impresionante. Hay 15 Consejos Nacionales e Igualitarios; entre los últimos los hay para regular la información, ser iguales en género, en pueblos y nacionalidades, en movilidad humana, en discapacidades y entre generaciones. Contribuimos $ 3.000 millones al Ministerio de Salud, pero no es suficiente pues ¡se requiere un Consejo de Salud! Son instrumentos del centralismo y su costo real excede lo presupuestado pues su función es hinchar la tramitología. Romper el paradigma significa apuntar a que todo gasto sea productivo y retribuya en bienestar y no para formar parcelas de poder burocrático propias de gobiernos que han inflado el empleo redundante.

Hay 11 agencias de regulación y control que husmean todos los aspectos de la convivencia social, sea en telecomunicaciones, transporte, agua, medicina prepagada, control postal, electricidad, vigilancia sanitaria, fitosanitaria y zoosanitaria, hidrocarburos y minería. Hay que preguntar, ¿para qué están los ministerios?, ¿por qué hay duplicación y triplicación de funciones? Son, en los peores casos, instrumentos de chantaje político y corrupción pues los escándalos truenan y suenan: Las Torres en Contraloría; el desfalco de Isspol mientras la Superintendencia parece no entender lo que ha pasado; los negociados petroleros; la Defensoría en acefalía luego del espectáculo; la Asamblea y su afamada cocina y diezmos bajo la norma de ¡roben bien! La basura fiscal tiene como consecuencia el ser un gran atractivo para los que viven del trabajo ajeno.

La “cuenta de las gasolinas” ($ 4.029 millones) impulsa el gasto. La correlación histórica entre el diferencial de costos de los productos importados y los precios internos de venta ($ 0,45 por cada dólar de derivados importados), y el crecimiento del endeudamiento público es perfecta. El rubro debe ser asignado a Petroecuador como centro de costos. Se debe constituir una cuenta fiduciaria que aísle los valores efectivamente ingresados y egresados. Petroecuador debe tener estados financieros auditables y un régimen tributario que permita discriminar entre lo que le corresponde al Estado y a la empresa. Las cuentas acreedoras y deudoras deben presentar los resultados del ejercicio y determinar las ganancias y pérdidas. Hay discusiones gramaticales acerca de si hay o no hay subsidio: lo que sí hay es un enorme costo de oportunidad que ha limitado el desarrollo posible del país en un escandaloso malgasto de recursos.

Correa y Moreno cambiaron al país, pero ¡lo arruinaron! Restaurar es laborioso, pero no hay alternativa.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba