Francisco Swett: Involución política

Si pensáramos en la evolución de las especies, tendríamos que dar reversa y pasar del sapiens al primate. Cultura, talla, inteligencia, retórica y honradez eran características de lo “normal” cuando hoy son la excepción.

El tránsito político desde Velasco Ibarra al presente describe la historia de cómo el ejercicio del poder pasó de ser una actividad digna a la triste escena que es hoy. Si pensáramos en la evolución de las especies, tendríamos que dar reversa y pasar del sapiens al primate. Cultura, talla, inteligencia, retórica y honradez eran características de lo “normal”, cuando hoy son la excepción. La Sra. Corina del Parral de Velasco Ibarra falleció al caer de un colectivo en Buenos Aires, hoy hay mocosos que no se sienten satisfechos si no presumen en Ferrari o Maserati. El ejemplo de José María es relevante como el ser ascético, letrado y culto, genial en un balcón, negándose a recibir la donación de una casa porque el dinero debería servir para las obras de caridad; puede contrastárselo con la imagen de los pillastres que salieron del anonimato para gozar de prebendas, vender influencias, sentirse importantes y llenarse los bolsillos.

La galería de personajes políticos que son hoy parte de la historia es nutrida e incluye, en mi tiempo y conocimiento, aparte del Dr. Velasco Ibarra a Carlos Arroyo del Río, Carlos Julio Arosemena Monroy, Camilo Ponce, Otto Arosemena, Antonio Parra Velasco, Raúl Clemente Huerta, Assad Bucaram, Jaime Roldós, Clemente Yerovi, Jaime Hurtado, León Febres-Cordero, Sixto Durán Ballén y Gustavo Noboa. Están aún entre nosotros Osvaldo Hurtado, Rodrigo Borja y Fabián Alarcón. ¿Qué tienen en común estos personajes? La respuesta es cultura política, carisma, retórica fogosa y conocimiento del país; fueron capaces de confrontar ideas y pelear con la fuerza de los argumentos, llenar los espacios de la atención colectiva en tiempos en que las comunicaciones eran elementales, armar coaliciones y alianzas. Destacan la retórica de Arroyo y Roldós, la fuerza gravitacional de Febres-Cordero, la capacidad de maniobra de Alarcón, el intelecto de los Arosemena, la sencillez de Yerovi y Durán Ballén, la convicción de Jaime Hurtado y Assad Bucaram, la mente analítica de Osvaldo Hurtado, y la rectilínea honradez de Gustavo Noboa, Raúl Clemente y Rodrigo Borja. Puedo añadir que Velasco Ibarra reunía en su propia persona los atributos antes mencionados.

¿Qué ha pasado en el devenir del tiempo? No hay que abundar en todas las pequeñeces de hoy, ampliamente reveladas a través de las redes sociales para destacar los marcados contrastes. Salvo las conocidas excepciones, donde había honradez hoy hay delincuencia organizada y la vocación democrática ha sido reemplazada por la pretensión de los cincuenta años en el poder. El talento de antaño devino en destierro del intelecto. Hoy se pretende ganar votos llevándose lo que queda de los depositantes en el Banco Central, bailando o cantando sin sentido, mintiendo cada vez que se abre la boca, y dejando de lado la delicadeza y la integridad del servicio público. Aun estando en soletas, el país cuenta hoy con muchos más recursos que todos los ciudadanos nombrados tuvieron juntos a su disposición; sin embargo, estamos en la mayor crisis moral de la historia republicana.

De Velasco Ibarra al socialismo del siglo veintiuno hay tres generaciones y una enorme degeneración de la clase política. Quienes hemos vivido la historia podemos afirmarlo.

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