Francisco Swett: Guayaquil: historia sin memoria

Cual desmemoriado que pierde su identidad, Guayaquil es un paciente amn茅sico cuya realidad se desenvuelve en un tumulto de formas que pretende pasar por arquitectura moderna; son las v铆as desbordadas de tr谩fico ca贸tico y la atm贸sfera envuelta en carb贸n y azufre; son sus esteros y espejos de agua cegados y los escasos 谩rboles que ocasionalmente interrumpen el gris del cemento en una urbe cuyo clima y condiciones la requieren verde. Moramos de espalda a un r铆o espectacular, hoy obstaculizado por puentes estultos que han arruinado la navegaci贸n.

Me adentro en las memorias y veo una ciudad que desapareci贸 y con ello la historia que la acompa帽贸. Recuerdo el antiguo edificio del Banco Central, gallardo y sobrio con su enorme reloj; camino por los portales de la Nueve de Octubre que recorr铆a a diario y atravieso el parque Centenario viendo a sus caracteres: el fot贸grafo de la vieja c谩mara, y don Eloy Ortega con su telescopio invit谩ndonos a observar el cielo estrellado. Me sumerjo en la Piscina Municipal de Las Pe帽as, donde qued贸 grabada la primera memoria acu谩tica de mi vida, para ver hoy g贸ndolas a茅reas que carecen de gracia; traigo a la mente las fachadas originales del Hotel Metropolitano y el que hoy ocupan los abogados, condenadas al anonimato. Quedan las fotograf铆as y unos cuantos videos de aquel Guayaquil y sus casas con los comercios en planta baja, de los falsos balcones y las ventanas con chazas que se alzaban para refrescar el ambiente.

La disfuncionalidad urbana teje un relato apesadumbrado no obstante las manifestaciones de progreso. Me cuento entre los que llevamos adelante la idea de salvar el Hospicio, la casa del t铆o Juli谩n, el Banco Territorial y otras edificaciones relevantes. He estado en Singapur y Cant贸n y qued茅 sorprendido de la similitud de los estilos arquitect贸nicos con el nuestro tradicional, y de c贸mo han sabido conservar su patrimonio y lograr que lo hist贸rico coexista con lo ultramoderno. Experimento sana envidia cuando veo c贸mo Quito, Cuenca, Riobamba y los peque帽os pueblos serranos preservan el pasado. Se dir谩 que lo nuestro estaba condenado por ser de madera, pero claro, en la ausencia de mantenimiento, con el paso de los a帽os, hasta el hierro sucumbe ante la herrumbe. Me doy la vuelta y veo un Anfiteatro Anat贸mico convertido en un 鈥渕urcielagario鈥 y sitio de reuni贸n de adictos; la antigua Facultad de Medicina, posteriormente Polit茅cnica, cual mausoleo olvidado, y la Casona Universitaria corriendo el riesgo de caer en pedazos; quedan tan solo los recuerdos de la Aduana, donde ve铆a a las gr煤as descargar y cargar a los vapores en una r铆a que vibraba con actividad.

Como lo han probado nuestros estudiosos, ciudadanos ejemplares que han luchado por la preservaci贸n del Archivo Hist贸rico y reclaman por el expolio patrimonial, Guayaquil s铆 tiene ancestro y ocupa un sitial singular.

Esta remembranza es un llamado al Municipio para que recapacite, act煤e y rectifique el sendero del olvido y la indiferencia por el que transitamos. No son paredes pintarrajeadas lo que queremos; son manifestaciones de liderazgo, sentimiento y visi贸n, como este Diario lo ha reconocido insistentemente, que reclaman la urbe que los guayaquile帽os se merecen.

Me adentro en las memorias y veo una ciudad que desapareci贸 y con ello la historia que la acompa帽贸鈥.

Publicaciones relacionadas

Mira tambi茅n
Cerrar
Bot贸n volver arriba