Francisco Swett: ¿El fin del siglo americano?

La historia empezó un siglo antes de que Estados Unidos emergiera como una potencia global. Fue el resultado de la triunfante doctrina del Destino Manifiesto que permitió expandir territorios desde el Atlántico al Pacífico; de la compra de Luisiana, Alaska y Florida, de las victorias en las guerras con México y España, que aportaron los territorios de Texas, Nuevo México, Arizona, y culminaron con la independencia de Cuba, la anexión de Puerto Rico y Manila; finalmente, fue la derrota de Alemania con los Aliados en la Gran Guerra. Tres décadas después, luego de derrotar al Eje, surgió la superpotencia industrial y económica como el legado emprendedor y empresarial de los “robber barons” (Rockefeller, Carnegie, Mellon, J. P. Morgan, Vanderbilt), quienes asentaron las bases del megacapitalismo americano en petróleo, acero, banca y transporte. Fue también el legado de los millones de inmigrantes que, de todas partes, poblaron su territorio.

La historia siguió su marcha triunfal con la caída del comunismo y de la Unión Soviética. El dólar surgió como la moneda de reserva e intercambio y como numerario del comercio internacional. Es hoy la economía más grande y tecnológicamente avanzada, con estándares de vida que constituyen altas varas a igualar, una cultura popular de exportación, las mejores universidades del mundo, y el punto central de atracción para la migración.

El camino de luz tiene sombras, sin embargo. La Guerra Civil con sus centenares de miles de muertos y destrucción. Las manifestaciones visibles y ocultas de racismo y la consecuente lucha por los Derechos Civiles. La interminable confrontación con Corea del Norte, el fiasco de Vietnam, la presencia del narcotráfico, la cultura de las armas y, ahora, las desventuras de Medio Oriente, son temas que han desafiado y desafían el ideal americano. Hay un resquebrajamiento en el sentido de nación con evidente y manifiesta radicalización de izquierda y derecha. El perfil demográfico del país está cambiando, azuzando los temores de los que se sienten amenazados pues se sienten en minoría en la población.

El desastre estratégico de Afganistán introduce dudas y cuestionamientos acerca de la terminación del siglo americano. En el orden geopolítico el poderío chino es material, militar y de influencia global, mientras Rusia es un actor bélico de cuidado. Es por ello que el reconocer que las democracias liberales no crecen en terrenos áridos de culturas ajenas a tales tradiciones, permitirá, luego de la tormenta, priorizar los temas estratégicos para sostener un estatus de convivencia como el que se dio con los soviéticos durante la Guerra Fría, validando el principio de que cualquier confrontación bélica entre las superpotencias producirá la destrucción mutuamente asegurada (MAD por sus siglas en inglés) pues, como dijo Einstein: “la Cuarta Guerra Mundial se peleará con palos y piedras”.

El interés geopolítico del Ecuador yace en optimizar las condiciones de convivencia pacífica, que propicie al comercio como vector crítico del desarrollo. En esa visión amplia hay espacio para mantener los grados de libertad requeridos, apegados al principio de que, entre los países, no existe hermandad, pero sí intereses comunes, aparte de los competitivos.

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