Francisco Swett : ¡Contrapunto!

“¿Qué es esto de exportación de capitales?… [es] la transferencia de recursos desde el país al exterior [que] supera con creces los montos disponibles para invertir en la producción nacional, para crear empleos y preservar el tejido social”

No se requiere ser experto en Matemáticas para entender que las cifras económicas no calzan. Tampoco se requiere ser politólogo para apreciar que el país está desencontrado. Es la situación que le toca manejar al Gobierno del encuentro. Sin entrar a repetir la letanía de cuitas colectivas, hay un letargo punzado por la violencia, la demanda irracional por derechos sin el contrapeso de los deberes y la negación de la lógica.

He sido por ello explícito en argumentar la opción del crecimiento en oposición al ajuste fiscal a rajatabla como vía de salida del laberinto en el que una vez más, el desenfreno del gasto nos ha metido. Hoy la disyuntiva es escoger -y esa es una de las tareas de la disciplina económica: escoger- entre usar los recursos disponibles para propiciar el crecimiento o para convertirnos en un agresivo exportador de capitales. Y, algún lector preguntará, ¿qué es esto de exportador de capitales? Puesto en lenguaje sencillo, tiene que ver con el hecho de que la transferencia de recursos desde el país al exterior supera con creces los montos disponibles para invertir en la producción nacional, para crear empleos y preservar el tejido social.

La exportación de capitales está revelada por el propio Ministerio de Finanzas, hoy manejado por economistas matemáticos, rigurosos en la argumentación de sus ecuaciones para la proyección del cuatrienio. Los números que sustentan la autoridad del manejo fiscal muestran que la amortización de capitales del crédito público y el servicio de los intereses serán del orden de los $ 36.000 millones mientras que la FBKF (inversión pública) sumará poco más de una tercera parte de aquello (alrededor de $ 13.000 millones). El resultado global de estos cálculos se resume en un crecimiento de 2,54 % anual, cifra que supera en 0,4 % el incremento poblacional y que a su vez se traduce en que tomará 175 años duplicar el ingreso per cápita. Dejemos de lado la preocupación respecto de la generación de empleo porque, con esa magnitud de crecimiento, la deficiencia actual seguirá siendo una característica estructural de la economía ecuatoriana.

¿Crecimiento es acaso una consigna de oposición? No lo es pues, más allá de su dimensión material y real, los problemas, y las soluciones, residen en la cabeza de la gente. Cuando se está mentalmente “amarrado” a determinadas convenciones no hay forma de imaginar las soluciones. Fue el caso de Mahuad, quien no aceptó la posibilidad de la dolarización hasta cuando no tuvo otra alternativa que hacerlo, fuera del ámbito de una solución de política pública. Si hoy, por lo tanto, no actuamos con imaginación y firmeza respecto de la necesidad de hacer una reestructuración de los pasivos del Estado para aliviar la carga, bajar las presiones, contar con más recursos internos para equilibrar la condición de país exportador de capitales, corremos el riesgo de caer en moras desordenadas, y en más años de desasosiego colectivo.

Son discusiones que se deben dar, y hacerlo fuera de escenarios politizados o, peor aún, con la intromisión de quienes tienen “castañas en el fuego”. El contrapunto de las ideas debe ganar resolución visual y conceptual, pero el ambiente no se está prestando para ello.

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