Francisco Swett: Cambio de modelo III. Manejo del crédito

El gobierno de Correa es el ejemplo de cómo no manejar el crédito de un gobierno. El 40 % de endeudamiento respecto del PIB es un tope legal que se asimila a un límite de velocidad que debe ser observado, sin que constituya un invariable “standard” de desempeño. Todo empréstito debe ser contratado luego de analizarse prolijamente la fuente de financiamiento, sus términos y condiciones, el uso de los recursos, y la capacidad de pago del deudor. Por simple diferencia entre ingresos de capital y gastos de capital se establece que entre 2014 y 2017 los ingresos de capital originados en financiamiento externo fueron utilizados en gastos de consumo (80 % del total). El gobierno de Correa violentó las normas de contabilidad y cambió la denominación de la deuda para, eliminando del cómputo la deuda “consolidada”, proseguir en el endeudamiento que hoy cifra en exceso del 65 % del PIB.

Recuperar el equilibrio en el crédito público tomará, dependiendo del crecimiento de la economía, no menos de 5 años. Esta proyección se basa en nuestra propia experiencia, al inicio de la dolarización, cuando el nivel de endeudamiento era de alrededor de 90 % del tamaño de la economía. La combinación del mejoramiento de los ingresos fiscales y el prudente manejo del gasto determinaron que dicho porcentaje se ubicase por debajo del 20 % a inicios de 2007. En 2002 se habían reestructurado los pasivos de los bonos Brady y Eurobonos mediante la emisión de bonos a diez y treinta años plazo, los cuales, debido a los eventuales altos costos financieros para un país cuya economía crecía saludablemente, permitirían una reestructuración posterior cuyo valor presente fuese ventajoso para el país. Todo esto lo desperdició Correa en 2008 con el pago del 30 % de valor de los bonos, mañosería con la que destruyó la calificación de crédito del país.

Hoy se requiere un nuevo esfuerzo de reestructuración, similar en fuerza y logros a los alcanzados en 1985 y 2002. El Gobierno deberá negociar con el FMI para contar con recursos en soporte de la balanza de pagos. Deberá, además, complementar tales recursos con aquellos originados en las fuentes multilaterales. Se debe desenganchar el comercio de crudo de los anticipos, pues estos son caros e inconvenientes por su forma de amortización; la prenda de petróleo es inadmisible como garantía de buen comportamiento y cumplimiento de las obligaciones, cuando la garantía soberana de la buena fe y crédito de la República ha sido tradicionalmente suficiente.

La disciplina se debe sustentar en reglas macro fiscales. Estas incluyen la adopción de la presupuestación de base cero; los límites anuales al crecimiento del gasto en función de las proyecciones de crecimiento económico; el recorte en las atribuciones ministeriales para incrementar el presupuesto en hasta el 15 %; la organización, estructura y dependencia de las empresas públicas; el control previo, concurrente y posterior del gasto; y la constitución de un fondo soberano de ahorro e inversiones constituido con todos los excedentes del petróleo a partir de niveles acordados anualmente.

Es la “limpia” que hay que acometer, luego del vendaval destructor de la revolución ciudadana y su capo.

Fuente: EXPRESO

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