Francisco Sweet: ¡Después de nosotros, el diluvio!

Los profesores se cortan las venas y se sellan las bocas para dramatizar que la calidad de la educación depende de que les suban los sueldos en un 25 % y que sus pensiones de jubilación les duren no menos de los 30 años que aportaron. Los protestantes arroceros, violentando las razones válidas que tengan para quejarse, piden, por sus cuitas, precios fijos, cierre de fronteras, bloquean las carreteras y tumban árboles centenarios no obstante sus proclamas de ser gente amante de la naturaleza. Los líderes indígenas conocidos por su trayectoria en el asalto a Quito, apoyados por la “confiable” Asamblea cuyo apoyo a todo lo absurdo es predecible, ordenan bajar los precios de los combustibles, ¿acaso con la consigna de subsidiar el contrabando y arruinar la economía?

Son tres botones de muestra de los que (a) no les interesa que los $ 2.500 millones adicionales de gasto implican que habrá que subir el ISD al 18 % (del 5 % actual) y que se destruirán 250.000 plazas de empleo; (b) los que proponen que con la fijación de precios y no el ordenamiento de los mercados (que son las tareas pendientes) resolverán sus problemas, a costa de los consumidores; y (c) los que no pagan un centavo de impuestos pero tienen a flor de labios la consigna de que son “los ricos y los explotadores” quienes deben pagar la infranqueable deuda social.

Es la pedagogía de la escuela del absurdo: crear obligaciones que no tienen sustento alguno y violan abiertamente el endeble documento de Montecristi. Los períodos de elecciones, cuando la famosa ley de los maestros fue aprobada por una Asamblea poblada mayoritariamente por políticos de feria y un gobierno carente de liderazgo, son los momentos oportunos para la demagogia. La exclamación de Luis XV, “¡después de nosotros, el diluvio!” podrá haber cambiado a algo más descriptivo en el proceso de vulgarización, pero denota el mismo estado mental de quemeimportismo y absolutismo. Con los mismos o más méritos que los profesores aparecerán los trabajadores de la salud, los policías y militares a reclamar su plato de lentejas ardua y peligrosamente ganado. Entretanto, los sabios que merodean en la Asamblea continuarán argumentando que la educación debe tener el 6 % del PIB. ¿Por qué no el 7 % o el 10 %? Hay que preguntar. Y qué ocurriría si, como pasó múltiples veces en la última década, ¿el PIB baja?, ¿habría que bajarles los sueldos a los profesores para ver si lo aceptan?, o ¡se vuelven a cortar las venas!

La interacción social en Ecuador es una colección de piezas de rompecabezas sacadas de diferentes diseños. Boicotear a un gobierno que recién se estrena para que responda por el abandono secular de la agricultura y el tratamiento del campo como el pariente menesteroso es un golpe político bajo, cuando lo que se requiere es subir el grado de cooperación y la inteligencia de las soluciones para mejorar el estatus del sector más importante de la economía. Sostener el absurdo de los precios de los combustibles es favorecer la desigualdad y cobijar al hampa organizada. Volver a los albores del siglo XVI solo descorre un escenario de mayor explotación y violencia entre aquellos que se autoestilan de ancestrales.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba