Familiares de presos pagan hasta USD 251 al mes

El padre de Mayra sufrió un paro cardíaco debido a la ansiedad que le generaban las llamadas telefónicas desde la cárcel para extorsionarlo. Su hija fue detenida por narcotráfico y la sentenciaron a 14 años de reclusión. Desde el inicio le exigían fuertes sumas de dinero a cambio de seguridad.

Al principio, el hombre aceptaba lo que pedían. Cuando tuvo el quebranto de su salud, sus hermanas y él se alejaron de Mayra. “Nunca volvieron a buscarme, tampoco me ayudaron”.

Tuvo que salir adelante sola, pues le bloquearon en sus teléfonos móviles, relató la mujer que salió en libertad en diciembre de 2020.

Cada vez que al celular llamaban de un número desconocido, sus familiares temblaban de desesperación. Les dio crisis nerviosas por estrés. Su madre padece diabetes y sufrió varias recaídas por la extorsión de la que era víctima, recordó.

Historias como la de Mayra y sus familiares son frecuentes en los centros penitenciarios del país, explica la investigadora Sofía Carpio, de Kaleidoscopio. Está organización publicó el informe: ‘Diagnóstico del Sistema Penitenciario del Ecuador’, este mes.

En el documento, de 100 páginas, se indica que los parientes de un interno deben gastar entre USD 124 y 251 al mes para útiles de aseocomidahigieneprotección comunicación. Lo mismo ocurre con los escasos servicios médicos.

“Mi hijo dice que le salieron tres tumoraciones por el lado de la costilla, por dentro. Él dice que se toca y le afectan. Cuando le duele, yo tengo que pagar inmediatamente, pagar… escúcheme bien, pagar para que a él me lo saquen a inyectarlo. Pagar USD 30 a los guías, a los guías. Si no, ¡No, mami! ¡No lo sacan! ¡Olvídese!”, cuenta la madre de un interno.

La salud de familiares de las personas privadas de la libertad se deteriora. Han desarrollado pérdida del cabellohipertensióngastritisdepresión, entre otras enfermedades.

Cada vez que vibra el celular -narra el pariente de otro preso- el cuerpo entra en estado de alarma. Además, la preocupación creció en los últimos meses con los amotinamientos masacres. “Siempre hay temor de un traslado, de una requisa, de otra explosión de violencia. Siempre hay miedo y punto. No se puede vivir en angustia permanente. Hay que encomendarse a algo”.

Fuente El Comercio

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