Es hora de que el mundo se comprometa con un impuesto mínimo global

Todos sabemos que la vida no es justa. Sobre todo en época de impuestos. Para los particulares es un momento de papeleo, preocupaciones y desembolsos. La mayoría de los contribuyentes trabajan en un solo lugar y pagan sus impuestos ahí.

Para las grandes empresas también es un momento de papeleo y preocupaciones. Sin embargo, a menudo trabajan en varios países y pueden intentar mover las ganancias al extranjero a la búsqueda de ventajas fiscales. En muchos casos, se salen con la suya. Las lagunas legales han permitido a muchas empresas estadounidenses evitar muchos impuestos durante los últimos 40 años ya que, en todo el mundo, los impuestos corporativos han estado cayendo durante años.

Crear un protocolo universal para evitar que las empresas busquen una jurisdicción fiscal satisfactoria no es una idea nueva. En respuesta a la creciente presión por establecer un impuesto a los servicios digitales que ofrecen grandes empresas tecnológicas como Google y Facebook, que venden bienes y servicios en todo el mundo, la OCDE ha estado tratando de llegar a un consenso sobre cómo hacerlo. Y dónde.

En las conversaciones se ha barajado la opción de un impuesto mínimo internacional para las empresas. Hasta ahora, no se ha podido llegar a un acuerdo, para lo que haría falta un gran impulso.

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