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Tragicomedia ecuatoriana sacude los cimientos del machismo y la mojigatería

Quito.- El machismo y la mojigatería son los principales protagonistas de un monólogo tragicómico con el que el artista ecuatoriano José Pacheco invita a la reflexión en una sociedad que lucha contra la «cosificación» de la mujer y avanza, cuesta arriba, en la búsqueda de la equidad de género.

Pacheco echa mano del humor para «desmitificar el macho que lleva todo hombre» pues «poner los problemas masculinos sobre la sartén no era muy acostumbrado en nuestros teatros», comenta a Efe sobre su más reciente obra, el «Monólogo del pipí», alusión «políticamente correcta» al pene que tuvo que usar para esquivar la censura.

En setenta minutos de monólogo, habla sobre virilidad, impotencia y enfermedades sexuales.

Hace, además, una crítica a la «cosificación» de la mujer a la que supuestamente «hay que conquistar» desde la óptica machista y reprocha el bloqueo impuesto en muchas sociedades a hablar de temas de sexualidad.

«Desde pequeños nos prohíben tocarnos, vernos», asegura antes de comentar que hay muchos hombres que tratan al pene como «un ser más», independiente e incluso, en esa dualidad, le ponen nombre.

A sus 39 años, Pacheco quiere mostrar por ello al hombre como un «ser humano» y no el «falo» que, en su afán por imponerse, minimiza al «resto» de seres, en especial a las mujeres.

Pero las féminas también cosechan su parte en la crítica social que Pacheco hace con la sintaxis del humor.

Cuenta que la madre es la primera que «anula como hombre» al protagonista de su obra (Feliciano Cañarte), al inculcarle desde pequeño que «tiene que ser bien hombrecito, que los hombres no lloran», idea que asumen también muchos.

Esa madre pone, además, un manto de pecaminosidad al pene («no se toca, es malo», suele decir), e insta entonces a su hijo a darle otra denominación: «pipí, pollito».

«¡¿Pollito?! ¡Pero si no tiene plumas!», cuestiona el pequeño, que recibe por respuesta: «No todavía, pero cuando tenga plumas va a ser tu perdición, igual que la de tu taita (papá, en quichua), igual que la de tu abuelo, igual que la de tus tíos».

Con ese diálogo, Pacheco ejemplifica cómo la sociedad ecuatoriana «construye al macho» y muestra «cómo la mujer ha tomado esa posición exageradamente machista».

La obra, que se presenta en la Creperola del Teatro en Quito y que Pacheco piensa llevar en 2019 a Colombia, Perú y Chile, habla también sobre homosexualidad, individualismo, aborto, alcoholismo y el amor como sentimiento y como reacción química.

El monólogo cuestiona asimismo el «curuchupismo» (término coloquial para mojigatería en Ecuador) que aún tiene presencia en ciertos sectores sociales.

Pero destaca que «la sociedad está abierta al cambio», aunque «no sabemos por dónde» avanzar.

«Ahora hay una apertura de pensamiento mucho más amplia, producto de todas la luchas de movimientos sociales», y cambios en la educación, pese a que todavía hay «hipocresía» y aún sigue siendo un problema hablar de sexo con los hijos, lo que deriva, entre otros, en embarazos adolescentes, dice el artista.

Con seis casos al día, Ecuador es el segundo país de la región con el índice más alto de embarazo adolescente en niñas menores de catorce años, según el Ministerio de Educación.

Además, cada día 142 adolescentes entre 15 y 19 años de edad se convierten en madres.

Unas estadísticas que Pacheco combate con humor desde los escenarios en una sociedad como la ecuatoriana, que tilda de «muy machista», y en la que realmente, asegura, «el macho es simplemente una idea y no una forma de vivir».

Sobre las tablas, con un escenario dominado simplemente por una cama, el artista pone de relieve el problema que implica que ciertos hombres quieran controlar todo «a través de la fuerza y la brutalidad», en un país donde cada 72 horas matan a una mujer, según el Ministerio ecuatoriano de Justicia.

Vinculado al teatro desde los seis años y con una veintena de montajes en la última década, Pacheco quiere demostrar con su obra que con «respeto mutuo» un cambio es posible, que para el desarrollo de la sociedad la equidad de género es «indispensable», y que nadie debe «subirse en los hombros de nadie para llegar a ser algo». EFE

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