Elecciones en una República Centroafricana bajo la amenaza de las armas

Los centroafricanos comenzaron a votar este domingo para elegir un nuevo presidente y a sus 140 diputados, pero una parte del país no podrá ejercer su derecho en un país hundido en la guerra civil y en una terrible pobreza. El jefe de Estado saliente, Faustin Archange Touadera, es el gran favorito, pero los grupos rebeldes, que controlan dos tercios del territorio, quieren impedir su reelección.

Entre los dieciséis candidatos en liza figura, además de Touadera -en el poder desde 2016-, el principal líder de la oposición, Anicet Georges Dologuelé, de la Unión por el Renovación Centroafricana (URCA), que cuenta con el apoyo del expresidente François Bozizé. Desde que el pasado 3 de diciembre el Tribunal Constitucional del país anulase la candidatura de Bozizé, acusado de crímenes de lesa humanidad, grupos armados afines han rechazado estos comicios e intensificado sus ataques armados.

En estos días, estos grupos armados prometieron que se dirigirían a Bangui, la capital, para impedir las votaciones, pero la presencia de tropas internacionales los han mantenido por ahora a distancia. En el país hay en este momento 11.500 cascos azules, 300 soldados ruandeses y Rusia envió 300 “instructores militares”, en realidad paramilitares de empresas privadas de seguridad.

“Es importante para mí estar aquí hoy, como ciudadana. Pienso que el voto puede cambiar nuestro país”, decía Hortense Reine, una maestra, que acudió a votar a primera hora de la mañana. Sin embargo, la legitimidad de estas elecciones está en entredicho ya que una parte importante de la población no podrá ejercer su derecho o votar sin miedo, según expertos y fuentes de la oposición.

Lejos de la capital, las votaciones estaban literalmente en la cuerda floja por los combates que persisten. “¿Cómo podríamos votar si no tenemos ni siquiera nuestro documento de electores?” decía por teléfono Robert, un ciudadano de Boalí, 80 km al norte de Bangui, mientras los disparos se escuchaban al otro lado de la línea.

En estos días, la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, Francia y el Banco Mundial instaron a Bozizé y a los grupos rebeldes a deponer las armas. Desde el inicio de la guerra civil en el país, cuando una coalición musulmana llamada Seleka derrocó a Bozizé, un cuarto de los 4,9 millones de centroafricanos han tenido de huir de sus casas en algún momento y varios miles han muerto violentamente.

Los crueles combates entre Seleka y las milicias cristianas merecieron que la ONU acusara a los dos bandos de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Desde 2018 la guerra se atenuó, pero los grupos armados siguen perpetrando ataques contra civiles y para hacerse con el control de los recursos naturales, sobre todo diamantes.

 

Fuente: dw.com

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