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“El más humano de los inmortales”: la despedida del The New York Times a Diego Maradona

El día en que Diego Maradona se despidió, mientras se le quebraba la voz y el lugar que siempre había sido su hogar se agitaba y sollozaba, su mente se desvió hacia los errores que había cometido, el precio que había pagado.

En su momento de despedida, no buscó la absolución. Todo lo que pidió, en cambio, fue que el deporte que había amado y que lo había adorado a cambio, el que había dominado, el que había iluminado, el que elevó a un arte, no estuviera empañado por todo lo que él había hecho.

La última línea de su discurso de ese día, la última vez que honró a la Bombonera, casa de Boca Juniors, el club que lo tenía en el corazón, se convirtió en un aforismo argentino: “La pelota no se mancha”, dijo a la multitud que lo adoraba. La pelota no muestra la suciedad.

Ciertamente es posible que Diego Armando Maradona, quien murió el miércoles a los 60 años, fuera el mejor futbolista que jamás haya respirado, aunque ese es un tema de debate candente e inquebrantable. Menos polémica es la idea de que ningún otro jugador haya inspirado jamás una devoción tan feroz. (D)

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