El gigante derribado: la dispar gestión en Alemania e Italia del chantaje ruso crea un nuevo orden europeo

Una mirada atrás para entender el futuro que podría plantearse en Europa. La crisis energética ha roto los esquemas del Viejo Continente y amenaza incluso con cambiar las jerarquías. La factura podría ser letal para Alemania mientras que países de menor portento económico como Italia están consiguiendo sobrevivir al caos gracias a estrategias que ahora se demuestran más eficientes.

Pocos días después de que Rusia iniciara la guerra en Ucrania el 24 de febrero, Claudio Descalzi, director general de Eni, el mayor importador de gas del país, realizó visitas a varios proveedores de gas en África. Argelia, Angola, Egipto, República del Congo… del periplo africano fueron informando las propias autoridades italianas.

El objetivo era claro: Eni e Italia buscaban exprimir las relaciones con esos países para asegurar el suministro de gas por otras vías que no fueran Rusia -su mayor proveedor entonces- y reemplazar así gran parte de los volúmenes que enviaba Moscú (un 43% de las importaciones). La rapidez de las actuaciones y la precisa lectura del panorama que vendría marca ahora la diferencia.

El país con forma de bota, familiarizado con las crisis económicas que históricamente asedian más al sur que al norte de Europa, se muestra relativamente fuerte ante la coyuntura actual. Tiene los suministros adicionales asegurados y confía en no tener que llegar a racionar el gas.

El gigante derribado

Italia se adelantó a muchos países europeos, entre ellos Alemania. El contraste es inapelable y muy representativo de la fuerza de la amenaza rusa, que puede derribar gigantes. Cuando estalló la guerra, la primera potencia económica de Europa dependía un 65% del suministro ruso. El chantaje le ahoga aún más que en el caso de Italia porque los lazos no se cortaron de inmediato.

La sucesión de hechos ponen a Alemania frente al espejo italiano. Ahora, la economía alemana está al borde de una recesión que podría ser devastadora si el invierno es especialmente frío. La industria se prepara para el racionamiento de gas acaba nacionalizar Uniper -el mayor comprador alemán de gas ruso- para evitar el colapso del sector energético.

El Gobierno que dirige el canciller Olaf Scholz está concentrando ahora gran parte de sus esfuerzos en cortar las importaciones de gas ruso lo más rápido posible y diversificar sus suministros. Ante la ausencia de terminales de gas natural licuado (GNL) en el país, ha firmado contratos de alquiler para cinco terminales flotantes.

El reemplazo, sin embargo, se materializará en el largo plazo porque el país carece de una industria de gas y petróleo potente ante la ausencia de reservas en sus fronteras y tampoco cuenta con una posición estratégica como la que tiene Italia, muy próxima al norte de África, o Gran Bretaña, cerca de las riquezas del Mar del Norte.

El objetivo para reemplazar completamente el gas ruso para mediados de 2024 no lo ‘compra’ el principal productor de energía RWE, que cree que llevará más tiempo porque las fuentes alternativas son escasas y los volúmenes a cubrir muy elevados.

La estrategia de Italia comenzó a despuntar mucho antes

Italia tradujo antes la deriva de las intenciones rusas o Alemania lo hizo tarde. Las dos opciones serían correctas a tenor de los hechos. La anexión de Crimea a Rusia llevada a cabo en 2014 hizo a Italia cambiar el chip.

Otro flashback para poner en contexto la rapidez italiana. En 2006 Eni acordó el que en ese momento fue el mayor acuerdo de gas realizado por una empresa europea con Gazprom, el gigante energético controlado por Moscú. En 2014, empezó a virar el rumbo.

Mientras Alemania duplicaba su dependencia del gas ruso, Italia se fue despegando, especialmente desde la salida del Gobierno de Silvio Berlusconi (amigo de Vladimir Putin) y la entrada, en la misma época de Descalzi -de experto en África- en Eni, recuerda Reuters. En una de las exploraciones fraguadas por el director generan, Eni descubrió en aguas de Egipto Zohr, el yacimiento de gas más grande del mar Mediterráneo. En menos de dos año, estaba en funcionamiento.

El recorte a la dependencia rusa no ha parado. En 2029, Eni cerró un acuerdo con Argelia, donde está presente desde 1981, para renovar las importaciones de gas hasta 2027.

El camino de Alemania fue totalmente opuesto: no solo no redujo su exposición a Rusia sino que la aumentó. Una prueba de ellos es el acuerdo alcanzado en 2015 entre Gazprom y empresas alemanas como E.ON y Wintershall para formar un consorcio para construir el gasoducto Nord Stream 2 -que, ahora sabemos, nunca entraría en funcionamiento-.

Como muestra de la ceguera alemana, un día antes de que Moscú invadiera Ucrania, Klaus-Dieter Maubach, director ejecutivo de Uniper describió a Gazprom como un proveedor confiable. Siete meses después, Uniper se prepara para demandar a Gazprom por daños y perjuicios por los cortes de suministro y ha sido rescatada por 29.000 millones de euros.

En junio, Scholz reconoció que habían “dependido demasiado y demasiado tiempo de los suministros de energía de Rusia” y dio por muerta “la vieja ecuación de que Rusia es un socio económico confiable incluso en crisis ya no se aplica”. Hace unos días trascendió un acuerdo con Emiratos Árabes para el suministro de gas hasta 2023 y el país ultima un plan de emergencia para el invierno.

La situación evoca a la crisis energética de la década de 1970

La crisis energética pesa de manera desigual en el continente porque la dependencia del gas ruso varía ampliamente. Aún así, el impacto es evidente. En marzo, un 40% del gas que importaba la Unión Europea viajaba desde Rusia.

Gran parte de la región se enfrenta a una crisis de suministro de invierno, con países especialmente expuestos como Alemania, Hungría y Austria. La situación evoca a la crisis energética de la década de 1970 que llevó a Occidente a repensar su dependencia del petróleo de Medio Oriente, un cambio que entonces estimuló la exploración global y la búsqueda de proveedores alternativos como Venezuela y México.

A raíz de la anexión de Crimea, Johannes Teyssen, entonces director ejecutivo de E.ON, hizo en 2014 unas declaraciones que hoy significan más que entonces: “Europa y Rusia han construido una asociación energética durante cuatro décadas, y no ha habido un solo día en ese tiempo en que el gas se haya utilizado como arma estratégica contra Occidente”. Y Alemania lo sabe.

Fuente: Revista El Economista 

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