Día Mundial de la Salud 2021: más de 800 millones de personas emplean al menos el 10% de sus ingresos familiares en atención sanitaria

La enfermedad COVID-19 ha exacerbado las desigualdades en salud y bienestar entre los países y dentro de ellos, dentro de los países y entre estos.

Se estima que el año pasado entre 119 y 124 millones de personas más se vieron arrastradas a la pobreza extrema a causa de la pandemia.

Existen pruebas de que esta situación ha hecho que aumenten las diferencias entre hombres y mujeres en lo que respecta al empleo, ya que las mujeres han abandonado la población activa en mayor número que los hombres en los últimos 12 meses.

Las tasas de mortalidad de los niños menores de 5 años de las familias más pobres duplican las de los niños de las familias más ricas.

La esperanza de vida de la población de los países de ingresos bajos es 16 años inferior a la de la población de los países de ingresos altos. Por ejemplo, 9 de cada 10 muertes registradas en el mundo por cáncer cervicouterino se producen en países de ingresos bajos y medianos.

Por ello, con ocasión del Día Mundial de la Salud, que se celebra cada 7 de abril, la Organización Mundial de la Salud ha decidido hacer cinco llamamientos urgentes a la acción para mejorar la salud de todas las personas.

  • Agilizar el acceso equitativo a las tecnologías contra la COVID-19 entre los países y dentro de ellos. El reto está en garantizar que estén disponibles para todos los que las necesiten. Así mismo, es imprescindible el acceso a oxígeno médico, equipos de protección personal, pruebas de diagnóstico y medicamentos fiables, y de mecanismos de distribución sólidos y equitativos.
  • Invertir en atención primaria. Al menos la mitad de la población mundial no tiene acceso a servicios de salud esenciales; más de 800 millones de personas emplean al menos el 10% de sus ingresos familiares en atención sanitaria, y los gastos por cuenta propia hunden en la pobreza a casi 100 millones de personas cada año. Los gobiernos deberían cumplir el objetivo recomendado por la OMS de destinar un 1% adicional del PIB a la atención primaria de salud. Además, deben reducir el déficit mundial de profesionales sanitarios. Esto implica crear al menos 10 millones de puestos de trabajo adicionales a jornada completa en todo el mundo y redoblar los esfuerzos en materia de igualdad de género. Las mujeres prestan la mayor parte de la asistencia sanitaria y social en todo el mundo, y representan hasta el 70% del personal sanitario y asistencial.
  • Priorizar la salud y la protección social. La pérdida de puestos de trabajo, el aumento de la pobreza, las alteraciones en el ámbito educativo y las amenazas a la alimentación son mayores que los efectos del virus en la salud pública.
  • Crear barrios seguros, saludables e inclusivos. La falta de servicios sociales básicos en algunas comunidades hace que estas se vean atrapadas en una espiral de enfermedad e inseguridad. Por otra parte, el 80% de la población mundial que vive en condiciones de extrema pobreza se encuentra en zonas rurales. En la actualidad, 8 de cada 10 personas que carecen de servicios básicos de agua potable viven en zonas rurales, al igual que 7 de cada 10 personas que carecen de servicios básicos de saneamiento.
  • Fortalecer los datos y los sistemas de información sanitaria. Solo el 51% de los países prevén un desglose de los datos que publican en sus informes de estadísticas sanitarias nacionales. Cuando solo se aplican las medias nacionales, las personas vulnerables, pobres o discriminadas tienen más probabilidad de no aparecer en los datos.
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