En el CNE se habla de fraude y nadie se conmueve

Sólo un asambleísta, Fabricio Villamar, se escandalizó esa tarde de lo que estaba oyendo. El resto de los asistentes a la sesión de la Comisión de Fiscalización, que tramita el juicio político contra la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Diana Atamaint, lo tomó con naturalidad. “Fraude electoral”, “resultados adulterados”, “actos deliberados para favorecer a unos candidatos y perjudicar a otros”… Nada del otro mundo. Los vocales del CNE Luis Verdesoto y Enrique Pita trajeron actas de escrutinio suficientes para enterrar a todos: actas sin firmas (por miles); actas cuyo registro de votos cambia radicalmente de un conteo a otro (centenares); actas con incongruencias de registro… En fin: todo normal.

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Otro fantasma: fraude electoral

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Desde luego, hay cosas peores. Basta con preguntárselo a Fausto Terán, el integrante oficialista de la Comisión que, desde el primer día, asumió la tarea de salvar la cabeza de Atamaint a toda cosa. Sobre el presunto fraude no dijo palabra. Para él, lo verdaderamente escandaloso de cuantos asuntos se ventilan en el juicio político es el caso Loyo: Luis Loyo, el delincuente con 34 procesos en su hoja de antecedentes penales a quien Diana Atamaint puso al frente de la coordinación técnica de procesos electorales y hoy está preso tras haber sido hallado culpable de tráfico de influencias. ¿Qué le molesta a Terán? ¿Que Atamaint entregara un cargo tan sensible a un sujeto tan descalificado? No. Le sorprende (así díjo: “me sorprende”) que sus acusadores pretendan negar a Loyo su derecho al trabajo. “¿No es eso discriminación?”, pregunta y se rasga las vestiduras.

Fausto Terán: su consigna es clara pero carece de la habilidad retórica para evitar que se note. “No es sencillamente la presidenta -dice a cada paso, tratando de repartir culpas y reproduciendo sin rubor el argumento correísta-. Este es un organismo colegiado”. Cuando Pita responsabiliza a Atamaint por instaurar un régimen de reparto en el organismo (y cuenta con detalle cuántas coordinaciones le toca a cada quien, cuántas secretarías, cuántas y cuáles provincias), Terán lo acusa de divagar: ¿reparto?, se pregunta. “¿Qué nos interesa? ¡Eso es cuestión de ustedes!”. Más claro, imposible.