“Se perdieron recursos por los sueños de grandeza de algunos”

Es el tercer intento de vicepresidente de la República del actual Gobierno. Otto Sonnenholzner destaca que la principal diferencia con sus antecesores (además de no ser señalado por actos de corrupción) es que no tiene una vinculación política. En conversación con EXPRESO, el funcionario resalta la necesidad de recortar el gasto público y detener los excesos heredados del régimen de Rafael Correa.

– El Gobierno deja que usted dé las ‘buenas noticias’. ¿Por qué ese privilegio?

– Nosotros somos un equipo. Lo que tenemos que hacer, y no tememos hacerlo, es corregir lo que haya que corregir como equipo. En la Vicepresidencia tenemos una política de destrabar problemas cuando hay cosas que están estancadas. Por eso mucha gente nos busca y acude hasta acá. Con la apertura y confianza que nos da el presidente Moreno, tenemos la posibilidad de lograr que ocurran cambios. Un ejemplo es la conclusión de obras con pendientes menores. Nos sentamos con las entidades responsables y tratamos de quitar trabas.

– La Vicepresidencia tiene esa función pero, al menos en apariencia, otras instituciones se dedican a responder cada afirmación del expresidente Rafael Correa. ¿No es desgastar la energía del Gobierno?

– Espere al 24 de mayo y tendrá su respuesta. Creo que hay que ver hacia adelante, hay que corregir lo que está mal; pero eso no significa, porque también hay esa crítica de la sociedad, que se deje en la impunidad las cosas que merezcan ser sancionadas. Respetando la independencia de funciones, que se judicialice lo que tenga que ser judicializado. Ya está la institucionalidad creada.

– ¿El país se acostumbró a que desde el Ejecutivo se tomen las decisiones en todos los poderes?

– Eso tiene que superarse. Nosotros como Gobierno esperamos que eso dé resultado, nada más. Con la institucionalidad implementada todos podemos enfocarnos en corregir de mejor forma lo que sea necesario.

 ¿Parte de esa mejora es pedir la renuncia a todos los ministros?

– Estamos en una valoración completa de todo el gabinete para ver dónde podemos hacer más ajustes.

 El Estado hace armas y uniformes. ¿Las concesiones serán parte del Diálogo Nacional?

– Eso no será parte del Diálogo Nacional, pero sí es parte de una discusión interna. Hay que ver qué le compete al Gobierno y qué no. Tenemos ejemplos muy tristes de pérdida de recursos por sueños de grandeza que no le corresponden a ninguna autoridad pública. ¿Por qué tenía una aerolínea de bandera nacional que competir internacionalmente con grandes empresas? Hay sectores donde la lógica de la administración pública aplica y en otros no. Posiblemente ninguna aerolínea privada quiera volar a Lago Agrio, pero no podemos dejar sin conectividad a esos ciudadanos. Entonces, tenemos dos alternativas: se hace desde el sector público de manera recortada, o por una regulación se entrega ‘carne y hueso’. Conozco el tema porque se hacía en radiodifusión. Se entrega un destino atractivo, pero se obliga a operar en zonas que no sean tan rentables.

– Esa es una forma de impulsar al sector privado, pero también reduce los espacios laborales en el sector público.

– Tenemos excesos y eso hay que entenderlo. No podemos seguir creyendo que el Estado resolverá todos los problemas del país y que seguirá siendo el gran empleador. Yo respeto a los servidores públicos, pero hay que entender que hay que ser eficientes. No hay que tener excesos ni en personal ni en infraestructura.

– ¿Hay cifras de ese recorte?

– Esas discusiones se están dando. Se está valorando hasta dónde se puede llegar. Esa valoración debe ser permanente. Todos los semestres o cada año se debería revisar dónde tenemos excesos.

– ¿No le preocupa que, como advierte continuamente el expresidente Rafael Correa, se retire Moreno y usted asuma la Presidencia de la República?

– He oído esas bromas tantas veces. Al principio me preocupé porque supuestamente cada fin de semana le pasaba algo al presidente. Creo que está claro que esa es una estrategia de desestabilización para generar incertidumbre. Hay gente que cree que se hace política desde el caos y están cómodos en ese ambiente. Lo que hay que hacer es darle el nivel de credibilidad que merecen individuos de ese tipo.

 ¿Existe el riesgo de que no haya resultados positivos del Diálogo Nacional?

– Es cierto que el riesgo de no llegar a acuerdos en determinados temas es alto. Pero desde mi perspectiva, y la del presidente, no estaríamos tranquilos sin hacer el intento. Es similar a lo que pasó en el Diálogo Nacional (de 2017). A veces sufrimos de escasa memoria, pero los cambios son gigantes. Decir que no hubo frutos es desconocer que de ahí salió la eliminación de la reelección indefinida y de la Ley de Plusvalía. También se cambió la Ley de Comunicación y se crearon nuevas modalidades para la atracción de inversiones.

 Los indígenas no aceptaron un nuevo llamado al diálogo porque no ven los frutos de 2017.

– ¿Los indígenas que lograron recuperar su casa por el diálogo? ¿Ellos? Que vengan y nos digan qué está pendiente, porque acá tendremos siempre apertura. Más importante que llegar con una lista de pedidos es ir a decir con qué vamos a aportar.

– Presentar propuestas, por ejemplo, a la extracción minera que rechazan los indígenas.

– Ellos saben mejor que nadie que donde hay minerales, va a existir minería. Que no vengan con la historia de que la minería artesanal no es dañina. Es peor. Corrijan el discurso. ¿No quieren minería? Está bien, pero cuando busquemos recursos tampoco nos reclamen. Tampoco digan sí a la minería artesanal y no a la legal, porque nosotros sabemos que (la artesanal) es más riesgosa y no genera desarrollo comunitario.

– El acuerdo con el FMI también despierta esa postura. ¿Ahí hace falta la entrega de información detallada?

– ¿Sabe por qué falta más detalle? Porque nadie nos da recetas. Lo que hay son objetivos que debemos lograr con o sin organismos multilaterales.

 Las decisiones económicas ponen en riesgo el capital político.

– El que toma este tipo de decisiones arriesga su capital político porque no son decisiones populares, pero sí necesarias.

– ¿Y su capital político?

– Yo no tengo capital político. Yo llegué hace cinco meses siendo Otto y me iré siendo Otto en mayo de 2021.

– Pero el movimiento de Gobierno sí necesita de ese capital político y no lo puede arriesgar.

– El capital político del Gobierno se debe construir desde todo el Gobierno. No mío, ni del presidente. El primer mandatario da mucha autoridad a sus ministros, da confianza. Creo que viene una etapa importante en el manejo económico. Pasamos de un modelo que se apoyaba totalmente en el sector público a uno que da protagonismo al sector privado.

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