Diario Olé se hace eco de la GOLEADA de Boca sobre Liga en Quito

Una enorme actuación en la altura y los goles de Wanchope, Reynoso y Caicedo en contra dejan al equipo de Alfaro casi en semifinales. Así va por la Séptima.

La altura no se mide por metros, la altura se mide por lo que hizo un equipo llamado Boca, que se plantó en Quito y goleó donde muy pocos ganan y donde muy pocos empatan, donde la pelota no dobla y también viaja más rápido. Haciendo honor a su historia, a los seis Copas Libertadores. Para acercarse un poco más a las semifinales.

La altura hace que todo sea poco previsible. Que en diez minutos pase de todo. En un arco y en el otro. Un remate de Chicaiza a los pocos segundos, otro de Capaldo desde el borde del área, un cierre justo de Marcone cuando Anderson Julio quedaba mano a mano y un pase bárbaro de Alexis con gambeta larga y gol de Abila. En la altura. En Quito. Ventaja rápida.

Tan rara es la altura que todo se vuelve inestable. Gustavo Alfaro lo sabía, por eso ensayó un día antes y sorprendió con un dibujo que iba de 4-1-4-1 a 4-2-3-1, con Capaldo que pasaba de estar al lado de Marcone a soltarse y jugar con Salvio, Mac Allister y Zárate. Así, una vez que su equipo hizo pie, logró algo más de contención a pesar de lo difícil que resulta controlar la pelota en los 2.850msnm.

Con la ventaja, lo que encontró Boca fue desesperación en su rival y muchos espacios para lastimar no bien recuperaba la pelota. Desde la firmeza defensiva con López-Izquierdoz como pilares. Los quites de Marcone y Capaldo, el pase rápido y profundo por el centro a lo De Rossi. Conducción y visión de Mac Allister. Y la polenta de Abila, que a los 27 tuvo el segundo gol y falló al arco por unos centímetros.

La salida de Zárate a los 20 minutos por una lesión le quitó una variante ofensiva y también alguien capaz de sacrificarse, estar atento a Antonio Valencia y correrlo hasta el banderín del corner. Porque a Bebelo Reynoso, la alternativa elegida, le costó entrar en el partido.

La expulsión de Orejuela sobre el final del primer tiempo obligó a Liga a repensar el partido con un volante por un delantero, pero de entrada Reynoso se hizo cargo de un tiro libre y, sin altura que valga, clavó el 2-0 que hasta hizo saltar a De Rossi del banco con el puño apretado. Justo Bebelo, que no había aparecido en el PT y estaba para salir…

Después, todo fue manejar la pelota y jugar contra un rival golpeado, que parecía el visitante en la altura, que no presionaba, que se equivocaba y que sólo se acercaba con jugadas un tanto sucias. Manejarlo con Marcone y Capaldo, con Mac Allister. Y seguir buscando por el centro, siempre por el centro, por donde Wanchope estaba listo para acelerar y volar. Y las veces que a Liga se le dio, Andrada demostró que es un arquerazo, que está siempre atento para salir rápido, cortar y atorar al rival.

El gol que se perdieron entre Capaldo, Salvio y Abila, en una contra de tres contra uno, y después Reynoso y Salvio por una posición adelantada no impidieron la goleada. Boca siguió en pie, siguió latiendo y Wanchope, que parecía que no daba más, ganó la posición y lo hizo posible con la ayuda de Caicedo. ¡Histórico triunfo después de 54 años en Quito! ¡Histórica goleada!

Una gran actuación que deja a Boca en las puertas de las semifinales después de la revancha del miércoles próximo en la Bombonera.

Diario Olé