La dictadura egipcia apunta contra Mahrez tras la copa de África más política

Finiquitada la polémica final de la Copa de África de fútbol 2019, y con los argelinos locos de alegría en el estadio nacional de El Cairo, un pequeño gesto del capitán Ryad Mahrez segundos antes de alzar el trofeo ha desencadenado un enorme terremoto político que podría impedir que volviera a Egipto.

El extremo izquierdo del Manchester City, decisivo para el pase de su selección a la segunda final continental de su historia, comenzó a saludar a la fila de autoridades que se alineaban a pie de escenario.

Tras un fuerte y risueño apretón de manos con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, era el turno del anfitrión, el polémico primer ministro de la dictadura militar egipcia, Mustafa al Madbouly, que le esperaba junto al ministro de Deportes, Ashraf Soubhy.

Mahrez apuntó su mirada, frenó sus pasos y para pasmo de propios y extraños, giró sobre sus tobillos, le dio la espalda y se encaminó al estrado, donde le aguardaba la copa que todo el país ansiaba desde hacía 29 años.

Expertos y analistas insisten en que ni fue un error, ni un gesto baladí, sino la expresión de un descontento acumulado por la mayoría de sus compañeros desde que en el primer partido contra Kenia tres aficionados argelinos fueran detenidos por la Policía egipcia.

La causa, el cartel que uno de ellos portaba en contra del régimen militar argelino y en apoyo al movimiento popular de protesta (Hirak) que desde el pasado 22 de febrero se manifiesta cada martes y viernes en las calles de Argelia para exigir un sistema civil.

Durante todo campeonato Mahrez y numerosos jugadores argelinos lanzaron guiños a una ola popular de protestas masivas que a principios de abril logró la salida del enfermo y anciano presidente Abdelaziz Bouteflika tras 20 años en el poder.

Un régimen que una vez lograda la gesta de meterse en la final, trató de instrumentalizar en su favor la euforia popular: fletó decenas de autobuses para llenar el estadio «5 de Julio» en Argel donde Argelia consiguió su primer entorchado en 1990.

Y que fletó varios vuelos chárter gratuitos para colorear las gradas de verde y blanco en el encuentro definitivo contra la temida Senegal de Sadio Mané.

No fue, sin embargo, la única polémica en una CAN extremadamente politizada, que se disputó apresuradamente en Egipto después de que Camerún perdiera los derechos al no cumplir con los plazos y requisitos exigidos por la federación africana.

Poco después de que arrancara el campeonato, el periodista argelino Hafid Derradji, afamado locutor de la cadena catarí BeIN Sport, desató la ira del régimen militar local al visitar en su domicilio a la familia de la estrella caída egipcia Mohamad Abutrika.

El veterano capitán, uno de los jugadores con más clase y títulos que han defendido el escudo de «los faraones», vive exiliado en Qatar desde que en 2012 apoyara en un vídeo al presidente electo Mohamad Mursi, miembro de los Hermanos Musulmanes.

La dictadura egipcia congeló sus bienes, le acusó de evasión de impuestos e incluso le acusa de financiar el terrorismo por haber supuestamente contribuido a la campaña electoral de las Hermandad, partido que ganó las elecciones tras la caída del tirano precedente, Hosni Mubarak.

Horas después de que Derradji difundiera en redes sociales varias fotografías de la visita, dirigentes del fútbol egipcio tildaron al periodista de terrorista y reclamaron medidas contra él.

La indignación llegó desde las gradas: durante la semifinal que disputaron Argelia y Kenia, gran parte del estadio optó por gritar en favor de Abutrika y en contra de los intentos del gobierno egipcio por silenciar la oposición.

Al igual que Abutrika, Ryad Mahrez es un ídolo en Argelia. Y al igual que el fino centrocampista egipcio, se arriesga ahora a no poder volver a pisar el césped en la nación que alcanzó sus mayor gloria continental.

Si finalmente se acepta, como parece, la petición que el abogado egipcio Sami Sabri ha elevado al fiscal general del estado Nabil Ahmed Sadiq, el nombre del delantero se sumará a la larga lista de personas a las que la dictadura egipcia prohíbe entrar en el país.

Un atentado a la libertad de expresión y a los derechos humanos a la que todavía no ha reaccionado la FIFA ni la Confederación Africana de Fútbol (CAF) que eligió Egipto como sede pese a las repetidas advertencias de los organizaciones de derechos humanos sobre el negativo récord de la satrapía de Abdel Fatah al Sisi. EFE